domingo, 14 de junio de 2009

Restaurante Tapas y Cañas

Ubicado en la 13 calle, 7-88 zona 10, teléfono 2388-2727

Pasé muchos años de mi vida en la 13 calle de la zona 10 por que allí estuvo por muchos años el colegio donde estudié. Esa misma casona ha servido de sede a varios colegios. Recuerdo que había otro colegio del otro lado de la cuadra, era algo así como un secretariado o colegio de señoritas. El punto es que, si no estoy mal, ese local es ahora el restaurante Tapas y Cañas.

El local y el ambiente son muy agradables, con un jardín bien cuidado, paredes que parecen añoso adobe, y un bar que no vi de cerca pero que parece prometedor. Las tapas tienen la gran ventaja de que se puede gastar poco en un par, o se puede gastar mucho en una docena. Yo me decidí por probar una ensalada, 8 tapas y dos postres.

Creo que lo mejor será empezar por el final. Probé dos postres. Uno fue simplemente exquisito: el postre frío alicante, o de turrón de alicante. No recuerdo muy bien. Una pequeña obra de arte. Sobre una galleta con consistencia de espumilla se presentan dos esferas de colores llamativos, cuales huevos de ave del paraíso. En medio de las dos esferas, un ala de mariposa hecha de caramelo. Esta pequeña escultura descansa sobre una espesa salsa de dulce de leche con trocitos de alguna fruta seca que no identifiqué. Intenté comerme el ala de mariposa, pero no conseguí mas que puyarme la lengua con una filosa punta.

Las bolitas parecían una combinación de helado, crema y turrón de alicante, de variadas consistencias y texturas, que al combinarse con la galleta de espumilla y la salsa de caramelo, daba un resultado magnífico.

El otro postre que probé fue un mousse de nutella con un licor, no recuerdo si Baileys u otro. El licor daba un aroma provocativo al mousse, pero lamentablemente no sabía a nutella.

De allí hacia el inicio, la experiencia fue más bien deslucida. Tal vez la mejor de las tapas fue un gratinado de espincas. Cremoso y aromático, fue muy convincente, sobre todo por el aura de salud que tienen las verdes espincas, entonces uno bien puede pensar que está comiendo algo bueno en lugar de la bechamel con sus pobres carbohidratos simples.

El segundo lugar se lo daría a las croquetas de cangrejo. Muy sabrosas, acompañadas inteligentemente por una salsa de tomate en lugar de la abusiva y pesada salsa tártara. Lo gracioso es que las croquetas son más bien de papa. Genéticamente creo que es imposible demostrar que en esas croquetas había cangrejo, pero estaban ricas.

Los callos a la madrileña, y las patatas alioli estaban bien pero sin nada interesante o llamativo. Ya en una escala menor, ubico al pulpo a la gallega y las albóndigas de lomito. El pulpo era demasiado aceitoso y sin aroma. Las albóndigas estaban resecas, y dudo seriamente que fueran de lomito. Ahogadas en una salsa de tomate atractiva, las albóndigas parecían llamativas y sabrosas, pero a mi juicio era más una ilusión óptica que se desvanecía con sólo cortar las albóndigas con un cuchillo.

En último lugar ubico a la ensalada templada de alcachofas. Me supo amarga, como enfermera malhumorada, reforzada por el pesado aroma del queso de cabra.

El servicio es muy bueno y el lugar es en general bastante agradable. Habrá que buscar más cuidadosamente entre las tapas para ver cuál resulta genial. Calificación: tres lenguas y media :P :P :P :p

domingo, 7 de junio de 2009

Restaurante Kacao

Ubicado en la 2da avenida 13-44 zona 10.

Kacao es un restaurante que lo saca a uno de apuros. Cuando viene alguien del extranjero y dice "llévenme a comer comida típica", pues uno sabe que no se puede arriesgar a ir a un mercado, por cuestiones de seguridad e higiene, aunque allí se encuentre la mejor comida; tampoco se hace necesario viajar a Chimaltenango o a Cobán. Basta con desplazarse a la zona 10 y aprovechar el parqueo gratuito y la propuesta poco amenazadora y forzadamente pintoresca de Kacao.

Siempre he pensado que el simpático ranchón y la ropa típica de los meseros son lo suficientemente convincentes para que los extranjeros se lleven la idea de que comieron la auténtica comida guatemalteca.

Me llevé una sorpresa muy agradable al visitar Kacao un domingo. Resulta que tienen un buffé de comida típica por Q140. Al pagar esa cantidad, se puede uno servir sopa de frijoles, frijoles volteados, chiles rellenos, dobladas de chipilín, guacamol, chojín, buñuelos, rellenitos, torrejas, longanizas y carne a la parrilla, y lo más importante, los cuatro platillos más representativos de la comida autóctona: el subanic, el pepián, el kak ik y el jocón y algunos platos más. Todo ello sin límite.

Se supone que el buffé empieza a las 12pm, pero el día que yo lo visité, el último plato (los buñuelos) lo agregaron como a la 1:15, por lo que no se esfuerce demasiado en ser puntual.

Inicié mi almuerzo con los tres grandes recados: subanic, pepián y kak ik, que me los serví en pequeñas escudillas de barro. Todavía no habían puesto el jocón, por lo que me quedé sin probarlo. Ya había comido antes subanic aquí, y me fui muy poco impresionado.

Ahora debo decir que de los tres recados, el subanic fue el mejor. Era el más aromático. Parecía como que hubieran usado algo de grasa de chorizo para condimentarlo. Con ello no quiero decir que sea el más auténtico. Hace mucho tiempo que aspiro a ir a Chimaltenango y que en mi presencia abran el apaste con hojas de plátano para disfrutar el verdadero subanic. Si ustedes conocen algún lugar, su recomendación será muy bien venida.

El kak ik no le tenía nada que envidiar a una sopa de pollo con yerbabuena. Definitivamente no era el auténtico, que ese sí que lo he comido en Cobán. El pepián, tampoco era convincente. La verdad les digo que unos días antes por Q23, me comí un pepián de res (bueno, dejémoslo en "de origen animal") muy bien acompañado (consomé, arroz, tortillas, refresco de tamarindo y pan de banano de postre) en el Centro Comercial de la zona 4, y era bastante más verosímil que el de Kacao.

Me da la impresión de que la comida de Kacao es víctima de su propia clientela: tiende a parecer aséptica, higiénica y poco exótica, de tal manera que los extranjeros la aceptarían con plenitud. Esto resulta en incluir cortes magros y más bien insípidos en los recados: posta de cerdo, pechuga de pollo, pavo desmenuzado. Todo cortado en trocitos ortogonales, sin misterio, sin riesgo y sin genio.

Los frijoles volteados y el guacamol estaban un poco salados para mi gusto. La longaniza tenía un aroma ahumado tan profundo, pero tan profundo que me pareció más de orígen químico (humo líquido) que auténticamente impregnado por carbón. Las torrejas no tenían suficiente carácter, con un tímido relleno que parecía más manjar que crema. Los buñuelos, por el contrario, aunque tarde, fueron bastante más convincentes, acompañados con un almíbar ligero aromatizado con canela y anís.

Las dobladas, chiles rellenos, arroz en leche y rellenitos, eran convencionales. Nada terriblemente seductor ni tampoco nada catastrófico. Lo mismo puedo decir del servicio. La atención fue suficientemente buena para mantener platos y cubiertos limpios después de cada visita al buffé, pero se puede percibir que los meseros no tienen la misma devoción que otros, sobre todo la de los concurridos restaurantes de carne asada.

Aunque yo prefiero platos más auténticos, debo reconocer que la oportunidad de probar todo esto por Q140 es una muy buena propuesta para cuando sus visitantes quieran exponerse sin mucho riesgo a la comida tradicional guatemalteca.

Calificación: tres lenguas :P :P :P

Restaurante El Portal del Ángel

Ubicado en el Km 11.2 Carretera a El Salvador. Teléfono 2369 6007 y 23696015

La trilogía del colesterol, parte III

Este restaurante goza de una de las mejores vistas de toda la ciudad. Ubicado en la pendiente de los cerros del sureste de la ciudad, permite ver en una noche clara, casi el final de la calzada Roosevelt hacia el oeste y la calle Martí hacia el norte. Vale mucho la pena, sin duda.

La atmósfera del restaurante es de casa de finca, similar a la Hacienda Real, y su menú también está basado en la parrilla. El servicio es excelente. Los meseros se esmeran por hacer pasar un buen rato a los comensales y se apresuran a recomendar algún vino.

Mi experiencia con la comida no fue tan afortunada. La inicié con el clásico consomé, bebida-bocadillo de cortesía. Ordené unas chuletillas de cordero al romero, un corte que he pedido en otros lugares. Debo reconocer que, de todos los lugares donde lo he pedido, este era el plato más abundante. Lo pedí acompañado de guacamol y una ensalada de tomate y lechuga.

Las costillas no estaban jugosas, no se sentían frescas, y su sazón no era convincente. La ensalada y el guacamol estaban bien, sin ninguna ciencia en su preparación. Lo peor estaba por venir.

Pedí una crema catalana. Estaba un poco, como decirles...un poco horrible. Bueno, tal vez no para tanto como decir así "horrible como la película en que los gusanos se comen a la gente", pero con sólo ver la especie de suero de los bordes del plato, sobre el caramelo cristalizado, se podía pronosticar lo negativo del sabor. Efectivamente, el sabor era pobre y la textura de la crema bajo el caramelo, aguada. Ni un servicio impecable les salva de la calificación de dos lenguas y media :P :P :p

domingo, 31 de mayo de 2009

Restaurante De Mario

Ubicado en la esquina de la 13 calle y 1ra avenida, zona 10.

Como diría el Presidente Kaga, "if memory serves me right" hace muchos años en este mismo local había un restaurante de comida china llamado "Exellent". Nunca fui, pero más de alguna persona me habló muy bien de él.

Ya hace años, se instaló allí el restaurante de Mario. Un amigo español, abogado, me dijo que allí se comía tal vez la mejor comida española de la ciudad. Estuve posponiendo mi visita por mucho tiempo, pero al fin se dio la oportunidad. Y vaya si no valió la pena la espera.

El término para describir el ambiente del lugar, diría yo, es "ecléctico". Muebles de madera tradicionales se mezclan con vidrios sandblasteados, claramente yuxtapuestos y ajenos al resto del concepto del restaurante.

El bocadillo de cortesía es pan con mantequilla. Nada especial. Una lástima. De lo contrario, muy posiblemente le hubiera dado cinco leguas, pues la experiencia fue extraordinaria.

Pedí el especial del día: cocido madrileño. ¡Qué vianda! En un plato plano estaban distribuidos seductoramente los garbanzos, que ostentaban con indiscutible dignidad una rodaja de morcilla, una de chorizo y una loncha de panceta. Al otro lado, una loncha de carne de res y una pieza de ave complementaban la presentación.

Cada uno de los elementos del cocido tenía altísimos méritos, con excepción del ave, que me dijeron era gallina, pero no quedé totalmente convencido, pues hay unos pollos amarillos que podrían ser buenos impostores. Al ave le faltaba un poco de aroma, nada más. Pero la morcilla y el chorizo eran intensos. Tanto, que aunque las rodajas podrían parecer pequeñas, cada bocado tenía un sabor tan convincente y una sustancia tan inigualable, que me resultaron rodajas abundantes.

La panceta también era de una calidad y frescura extraordinarias. Los garbanzos estaban en su punto justo de cocimiento, y aunque la salsa que los contenía parecía por momentos muy sutil, la combinación con los otros fuertes ingredientes recordaba la pertinencia de tal sutileza. El corte de carne de res fue un enigma interesante. Tenía un color oscuro, como de víscera. Pero la consistencia y el sabor era de músculo pero enervado de nervios o gelatina, como el corte de "camote", de indiscutible carácter.

También pude probar el bacalao a la vizcaína y la fabada asturiana. Ambos espléndidos. En el bacalao se podía apreciar la alta calidad de los ingredientes: una salsa tersa que no competía sino complementaba al pescado. La fabada estaba aromática, de ahumado profundo.

Mi postre fue una natilla. Era una especie de dulce de leche con ocultos granitos de arroz, aderezados con azúcar morena casi acaramelada. Muy bien hecho. Finalicé mi comida con un café. Me llevaron un espresso muy fuerte, no lo que había pedido pero reconozco que estaba bien hecho.

El servicio fue bueno, aunque un mejor conocimiento del menú no les caería mal a los meseros, sobre todo de los postres, cuya selección no despertaba curiosidad.

Ahora le creo a mi amigo abogado cuando me dijo que era tal vez la mejor comida española. Calificación: cuatro lenguas y media :P :P :P :P :p

lunes, 25 de mayo de 2009

Restaurante La Boquería de Barcelona Viva

Ubicado en el primer nivel del Hotel Mercure, Edificio Casa Veranda, local 7, 12 calle 1-24 zona 10, teléfono 23602934, 52277829, 54852499.

La trilogía del colesterol, parte II

Dentro del compacto edificio Casa Veranda, donde está el hotel Mercure, me escurrí en mi automóvil dentro del estrecho sótano hasta llegar al nivel -3 y parquearme con tranquilidad. Subí a un elevador igual de abreviado y me dirigí al lobby. Perdí totalmente el sentido de la orientación, pero afortunadamente el lugar está lo suficientemente bien señalizado para encontrar este maravilloso lugar que se llama La Boquería de Barcelona Viva.

Un local revestido de piedra, de atmósfera seria pero agradable, recibe a los comensales para llevarles a una vista casi a ras del suelo de la primera avenida de la zona 10. Los ventanales son amplios, de PVC, y tienen impresos los escudos de las distintas regiones autonómicas (o no autonómicas, yo de eso la verdad no sé nada) de España y también el escudo de Guatemala.

El menú describe la historia del restaurante La Boquería que existía (así lo entendí, en pretérito imperfecto del indicativo) en la Antigua Guatemala y que luego se asienta en el nuevo local en la zona 10. El servicio es muy bueno y el ambiente del lugar sería más convincente si no tuviera las TV de pantalla plana que tanto me irritan. Al menos aquí estaban dispuestas con más discresión que en otros lugares.

El bocadillo de cortesía son panitos con tomate, tipo bruschetta. ¡Excepcionales!; ¡deliciosos! y ¡gratis! Un magnífico augurio para lo que habría de venir.

De entrada pedí un paté de hígado de oca, que así le llaman al ganzo. Me lo sirvieron con una mermelada de tomate y pimientos. Estaba más o menos. No es una entrada que volvería a pedir. No tiene el aroma lo suficientemente delicado como para convencerme.

El plato fuerte fue una maravilla: lechón a la asturiana. Suficiente para compartir entre dos personas (que no sean muy comilonas, eso sí), el lechón es toda una delicia. Lo sirven de manera sencilla: cuatro piezas en una cazuela sin mayor adorno, con una discreta salsa en el fondo.

La diversidad de texturas, que van de lo tostado del cuero a lo gelatinoso del gordito, combinado con los aromas y la salsa que no competía para nada, sino reforzaba el plato de manera muy convincente; todo ello constituyó una experiencia suculenta. Las opciones de guarnición eran vegetales, arroz o papas fritas. Como se trataba de despedirme del colesterol, pedí las papas fritas. Estaban bien, pero tuve que pedir ketchup para acompañarlas, pues no tenían ninguna salsa que las aderezara.

Mi postre fue un flan. Muy bien hecho, fresco y llamativo.

Una experiencia deliciosa, la Boquería parece que será uno de mis lugares favoritos cada vez que me autorice una dosis extra de colesterol. Me cuidaré de no ir un día que haya partido de fut, pues con las TVs me imagino que el ambiente se transforma en tribuna de algún equipo español. Calificación: cuatro lenguas y media :P :P :P :P :p

miércoles, 20 de mayo de 2009

Restaurante David Crockett

Ubicado en la 5a avenida 16-28 zona 10, teléfono 2368 1845, 2366 4790

La trilogía del colesterol, parte I

Mis resultados de colesterol, como los de todo el mundo, me requerirán abstenerme de comer de la manera en que lo he hecho últimamente. Para despedirme de ese estilo de vida, qué mejor que comer las carnes rojas y grasosas más suculentas, antes de empezar una dieta a base de granos y raíces, como que soy ermitaño en los Himalayas. Así como otros escalan las siete cumbres más altas del mundo, o visitan los sagrarios para Semanasanta antes de finalizar la abstinencia (vaya saber usted de qué), yo me di a la tarea de darle a mis arterias tres buenas dosis de colesterol previo a someterme a una rigurosa dieta. Fue así como decidí ir al Restaurante David Crockett.

David Crockett fue un héroe de la batalla del Álamo, bastante desconocido en Latinoamérica. Es inexplicable por qué le pondrían así a un restaurante. Entiendo que también existen estos locales en República Dominicana y en España. El lugar no es nada pretencioso en cuanto a decoración, aunque sí tiene una atmósfera de exclusivo, tal vez por que mantienen la puerta peatonal cerrada todo el tiempo y los cristales de las ventanas son obscuros. Tiene ese piso de granito blanco muy de moda en los 70, paredes con páneles de madera fina y varias cabezas de venados colgadas en las paredes que evocan un bosque frío.

Los meseros están impecablemente bien entrenados, y el servicio es magnífico. Había escuchado que en este lugar sirven el Kobe stake. Después de investigar un poco, y por la referencia al ganado "angus" de la carta, creo que es más bien Kobe-style, pero no estoy seguro. La carta describe los cortes de carne y lo exclusivo de su origen. Supongo que un corte así de fino sería el broche de oro para mi primer pico de colesterol.

La descripción del Kobe, que se encuentra en las penúltimas hojas del menú, es la apología de la carne asada. Indica que las reses de las que se extrae este corte gozan de masajes con agua, se alimentan de maíz orgánico y uvas, toman abundante cerveza y son sacrificadas mientras escuchan música clásica. Mmmm...vamos a ver, cerveza, masajes, uvas y música clásica...si esto hace que la carne sea buena, me imagino que mi tía Maruja ya va dando el punto para el matadero...

La única pieza "clásica" que se me viene a la mente para ambientar un rastro es la "danza del sable"
que es aplicable básicamente a todas las líneas de producción.(http://www.youtube.com/watch?v=eUFWaauGPCs&feature=related)

El precio del Kobe stake es verdaderamente único, también. Cuesta Q595 el corte de 10 onzas. Sí, es correcto, Q 595, o bien $75. Bueno, seguramente el matadero lo ameniza en vivo la orquesta de la Academia de Saint Martin in the Fields, y por eso el precio. En todo caso, si voy a comer avena por el resto del año, me imagino que me puedo dar este gusto, ¿no? Además, si eso me dan por cada 10 onzas de mi tía, ¡ya me hice rico!

Pues resulta que no me pude dar el gusto. Cuando pregunté por el Kobe stake, el mesero hizo casi una genuflexión, como implorándole a algún Gran Visir que no le corte la cabeza. Ganas no me faltaron. Resulta que ¡NO HABÍA KOBE STAKE!... mis arterias respiraron de alivio, igual que mi tarjeta de crédito. Tuve que conformarme con un rib-eye de angus negro.

El rib-eye estaba bastante bueno, pero no me lo sirvieron recién salido de la parrilla y en un plato que no estaba pre-calentado, por lo que se enfrió muy rápido y tuve que pedir que lo recalentaran. Reitero que el corte de carne estaba muy bueno, jugoso, aromático, bien logrado. Pero estaba servido en un plato bastante desabrigado, con un par de rodajas de tomate ciruelo de adorno. Lo acompañé con una ensalada mixta (lechuga, tomate, cebolla y aguacate).

De postre ordené crepes de nutella. Bastante mejor presentado que el stake, el postre estaba bien, aunque con una mácula consistente en jarabe de chocolate comercial. Me pareció que el toque de chocolate que completaba el adorno, era de algún sirope sacado de un bote plástico.

Pues ni modo, tendré que esperar a que mi colesterol baje a niveles extra-saludables para regresar y ver si ya se encuentra el Kobe stake. Mientras tanto ahorraré. Por una comida con algunos destellos agradables, pero por lo demás ordinaria, al Restaurante David Crockett le asigno tres lenguas :P :P :P

domingo, 17 de mayo de 2009

Iron Chef

Muchos de ustedes habrán visto el programa Iron Chef. Lo transmiten en el canal Sony los sábados a las 12pm. El programa es el resultado del sueño hecho realidad del Presidente Kaga (así se llama el pobre ¡qué le vamos a hacer!) y que produjo 300 episodios entre 1993 y 1999.

He agregado un gadget con videos de un canal de Youtube que contiene más de 600 clips de Iron Chef. Mi Chef favorito es Chen Kenichi. Aunque su estilo es zechuan, es lo más cercano a mis raíces culinarias cantonesas. Es un maestro del wok.

Las excentricidades del Presidente Kaga son memorables. Sus ingredientes sorpresa pueden ser finísimo chocolate, aletas de tiburón, king crab de $300 cada individuo, o simple repollo o leche. El cuate se viste como Walter Mercado, y sus narraciones siempre empiezan con "if memory serves me right..."

La versión americana "Iron Chef América" también me gusta bastante. Mi preferido allí es Mario Batali. Es un tipo genial, con mucha influencia española e italiana, por lo que sus platos me resultan familiares y atractivos. Lo transmiten en el American Network los sábados a las 6pm.

Prefiero la versión japonesa a la americana por mucho. La japonesa es mucho más ceremoniosa y solemne. Los jueces son respetuosos, educados, circunspectos. En la versión americana, por el contrario, los jueces pueden ser bastante majaderos, y los narradores dan una atmósfera de "reality" que a veces es chocante. Los japoneses por el contrario, tienen comentadores más convencionales. Tanto así, que a veces parece que estuvieran comentando un torneo de boliche en lugar de una competencia culinaria. ¡Disfruten los videos!