Ubicado en la 10a calle 0-45 zona 10, teléfono 2332-6576, 2331-7200
Altuna es un restaurante de tradición curiosa. Política y negocios le van mucho mejor que familia y amigos. El local original de la 5a avenida de la zona 1 era famoso por las reuniones de la Democracia Cristiana en los 80s.
Fue en ese local donde probé por primera vez la sopa pavesa. Recuerdo que iba con mi padre y después de la sopa pedimos paella, la que no pude terminar pues la sopa me llenó más de lo deseable. El dueño del restaurante se acercó a preguntarme si no me había gustado la paella. Le dije que no era eso, sino que me había llenado con la sopa. Por alguna razón, que hasta la fecha no entiendo, no me prepararon las sobras para llevar.
El local de la zona 10 tiene ya algunos años, y evoca un edificio público de buen gusto más que un restaurante. El techo alto de madera es impresionante. Las mesas están dispuestas con sobriedad y elegancia.
Instalado en mi mesa me entristeció ver en el menú que con la presentación de la tarjeta del banco G&T daban gratis unas croquetas. Me entristeció por que antes esas croquetas eran el bocadillo de cortesía, tuvieras o no esa tarjeta. Eran muy deliciosas. Yo solía llamarlas "bolitas misteriosas de Altuna" pues no tenía idea de cuáles eran sus ingredientes.
Ya que no me iban a dar mis bolitas misteriosas de cortesía, probé como entrada un plato de queso manchego. No estaba mal, aunque a mí el manchego me gusta un poco más seco de lo que me lo sirvieron, me gusta que se sienta cristalizado y crocante, éste estaba un poco chicloso para mi gusto. También probé los huevos bechamel, que para mi sorpresa no eran huevos sino croquetas, parecidas a las bolitas misteriosas que me eran familiares, pero no tan sabrosas.
Mi plato fuerte fue callos a la madrileña. La primera vez que comí callos, por allá por 1982, fue en un restaurante que se llamaba "Las Palmas". Quedé impresionado con los trocitos gelatinosos que me parecieron las cosas más deliciosas del mundo.
Por lo tanto, no podía pasar la oportunidad de pedirlos en Altuna, uno de los pocos lugares donde estoy al tanto de que los sirven. Mi plato de callos, que tardaron más de lo que me esperaba, tenía los tradicionales nervios gelatinosos, tiras de panza y discretas rodajas de chorizo copetín. Todo unido con una salsa de tomate de fuerte carácter, homogénea y briosa, galvanizada con medio jalapeño bien picante. La guarnición fue arroz de paella. A diferencia de otros arroces amarillos que he criticado severamente, este arroz de paella, si bien era amarillo, era bastante más jugoso que otros, lo que es un punto a favor.
Mientras degustaba el entretenido plato de callos, que incluía trocitos de hueso para mi deleite, me preguntaba: ¿por qué este plato no me cautiva? Esta impecablemente bien hecho, es generoso en tamaño, esta bien guarnecido...llegué a la conclusión de que era la salsa. De nuevo, una salsa muy bien hecha, pero al ser totalmente homogénea, lo que por cierto resulta muy apropiado en un plato así de variado, no despierta mi vena romántica.
Tal vez sea la misma razón por la que prefiero el merengue de Juan Luis Guerra por sobre la salsa de Oscar De León. En todo caso, aunque mi intuición me llama a sospechar de la autenticidad de la salsa, la verdad es que no tengo ninguna evidencia en su contra.
El postre fue una torreja española al anís. Y aquí me disculparán, pero las torrejas guatemaltecas son muy superiores. Mi torreja española estaba bien preparada, pero estaba aderezada con anís. Debo explicar qué quiero decir con esto.
Las salsas para los postres son típicamente tersas, de colores intensos, densas y envolventes. Esto no suele suceder con postres que son refritos o envueltos en huevo, que son de suyo pesados, pues con una salsa muy espesa no combinarían bien, razón por la cual generalmente se sirven con un almíbar ligero.
La torreja guatemalteca se sirve en una salsa de panela, cuya densidad puede variar dependiendo de los gustos y las tradiciones, pero es en sí una salsa oscura y aromatizada con varios elementos, como canela, clavo, jengibre y pimienta.
Esta torreja española me la hubiera esperado con almíbar, o algún jarabe interesante a base de anís como indicaba el menú. Sin embargo estaba acompañada por licor de anís. El licor es incoloro, transparente, sin densidad ni peso, habita listo en una botella, sólo para ser servido y ya. Por eso, cuando me llevaron la torreja sobre el charquito de licor de anís, me pareció una ligereza, un apresuramiento, un "échenle un poco de guaro y ya".
Tal vez esa es la gracia de esa torreja, pero por no estar yo acostumbrado, tal situación simplemente despertó mi malicia. Malicia que si la transporto a la salsa de los callos me llevaría a sospechar de tomatinas o pasta de tomate... pero ¿por qué mortificarme si la comida estuvo bastante buena?
El servicio también estuvo muy bien. Aquí el aparatito de los botones para llamar al mesero y pedir la cuenta, no son sólo más discretos que en otros lugares, sino también más efectivos...mucho más.
Una experiencia muy satisfactoria, Altuna conserva su tradición de buen servicio y calidad en la comida. Calificación: cuatro lenguas :P :P :P :P
La Original Crítica Culinaria y Crítica de Restaurantes en Guatemala
jueves, 16 de abril de 2009
domingo, 12 de abril de 2009
Restaurante TGI Friday's
Ubicado en el centro comercial Pradera Concepción
Este lugar es el altar de la cultura pop estadounidense. Con cada afiche, cada muñequito y no digamos con la música del lugar, te recordarán de que nuestra niñez, nuestra adolescencia y mucho de nuestra vida adulta estuvieron influenciadas, inspiradas o al menos severamente expuestas a los iconos, comprendidos o tergiversados, de Hollywood.
La rapidez en el servicio caraceriza a la cultura estadounidense tanto como la displicencia a la francesa, pero en realidad ambas no son más que mitos. Al menos eso fue lo que pude verificar en mi visita a Friday's. En cada mesa tienen un aparatito con un botón para que te atiendan, pero en mi caso hubiera sido más útil para tirárselo en la cabeza al mesero para ver si así me ponía algo de atención.
La falta de atención fue recurrente, y cuando al fin me llevaron mi plato, al menos pude olvidar por un momento esa gruesa deficiencia para enfocarme en otras. Mi orden consistió en un "southwest adobo chicken", un plato más o menos generoso (medio pollo) por un precio no muy alto. Decía el menú que ese pollo estaba sasonado con chimichurri brasileño. Pues me imagino que el ingrediente secreto del chimichurri en Brasil ha de ser "antimateria" por que no sabía a nada. Probablemente era la vejez de los ingredientes o la técnica tipo "comida rápida" pero el tal chimichurri no aportaba en nada al plato.
El pollo estaba en un bonito punto de cocimiento y la guarnición consistió en tiras de camote frito o algo así como "sweet potato fries" (interesantes, pero prefiero las papas) acompañadas de una salsa cremosa tipo tártara, tan fresca y orgánica como los marshmallows que venden en el almacén "el mismo precio".
Las hamburguesas de Friday's son notables, el resto de sus platos no deja de decepcionarme. Hay otros lugares donde las hamburguesas son tan buenas o mejores, y por precios no muy diferentes. La diferencia con Friday's es que Friday's te transporta, al menos en mí tiene ese efecto, al estimulante y fantasioso mundo de las películas gringas de ciencia ficción que tan intensamente viví en mi niñez.
Volvería a ir pero sólo por la decadente experiencia de comer una hamburguesa muy gringa en ambiente muy gringo a un precio no muy alto, y tal vez poner a prueba el servicio, que estoy seguro puede ser bastante mejor. Por esta vez, debido a una comida deslucida y un servicio condenable, la calificación para Friday's es de dos lenguas :P :P
Este lugar es el altar de la cultura pop estadounidense. Con cada afiche, cada muñequito y no digamos con la música del lugar, te recordarán de que nuestra niñez, nuestra adolescencia y mucho de nuestra vida adulta estuvieron influenciadas, inspiradas o al menos severamente expuestas a los iconos, comprendidos o tergiversados, de Hollywood.
La rapidez en el servicio caraceriza a la cultura estadounidense tanto como la displicencia a la francesa, pero en realidad ambas no son más que mitos. Al menos eso fue lo que pude verificar en mi visita a Friday's. En cada mesa tienen un aparatito con un botón para que te atiendan, pero en mi caso hubiera sido más útil para tirárselo en la cabeza al mesero para ver si así me ponía algo de atención.
La falta de atención fue recurrente, y cuando al fin me llevaron mi plato, al menos pude olvidar por un momento esa gruesa deficiencia para enfocarme en otras. Mi orden consistió en un "southwest adobo chicken", un plato más o menos generoso (medio pollo) por un precio no muy alto. Decía el menú que ese pollo estaba sasonado con chimichurri brasileño. Pues me imagino que el ingrediente secreto del chimichurri en Brasil ha de ser "antimateria" por que no sabía a nada. Probablemente era la vejez de los ingredientes o la técnica tipo "comida rápida" pero el tal chimichurri no aportaba en nada al plato.
El pollo estaba en un bonito punto de cocimiento y la guarnición consistió en tiras de camote frito o algo así como "sweet potato fries" (interesantes, pero prefiero las papas) acompañadas de una salsa cremosa tipo tártara, tan fresca y orgánica como los marshmallows que venden en el almacén "el mismo precio".
Las hamburguesas de Friday's son notables, el resto de sus platos no deja de decepcionarme. Hay otros lugares donde las hamburguesas son tan buenas o mejores, y por precios no muy diferentes. La diferencia con Friday's es que Friday's te transporta, al menos en mí tiene ese efecto, al estimulante y fantasioso mundo de las películas gringas de ciencia ficción que tan intensamente viví en mi niñez.
Volvería a ir pero sólo por la decadente experiencia de comer una hamburguesa muy gringa en ambiente muy gringo a un precio no muy alto, y tal vez poner a prueba el servicio, que estoy seguro puede ser bastante mejor. Por esta vez, debido a una comida deslucida y un servicio condenable, la calificación para Friday's es de dos lenguas :P :P
sábado, 4 de abril de 2009
Restaurante Jake's
Ubicado en la 17 calle 10-40 zona 10, teléfono 2368-0351
La reputación precede a este lugar por mucho. Y no es ninguna decepción. El comensal es recibido por una entrada muy discreta pero encantadora: un umbral de adobe deteriorado, un muro añoso y llorón, cubierto con una frondosa tapia y después se pasa al jardín donde ya se aprecia el nada discreto concepto del restaurante. El jardín muy bien cuidado que aún combina con la presentación casi en ruinas de la entrada, da paso a una casa que parece estar silenciada con poco color y poco aderezo para que no denuncie tan escandalosamente su contraste con tales ruinas.
Con mucho ingenio Jake's ofrece un "financial stimulus menu" que consiste en agrupar entrada, plato fuerte, postre y café por docientos quetzales, sin propina y con una hora de parqueo. Si me preguntan a mí, un verdadero anzuelo para quienes como yo aspiran a que su presupuesto alcance para comer con lujo más seguido que cuando había prosperidad económica en el mundo.
Mordí el anzuelo. Pedí tal menú no sin antes asegurarme que los tamaños de las porciones serían iguales que los del menú normal. De cortesía sirven pan y mantequilla. Me dieron a elegir entre mantequilla normal y preparada y por supuesto pedí la preparada. Estaba a temperatura ambiente, lo que la hacía ver poco apetitosa y resultar resbalosa al paladar. Con pimientos y ajos era una mejora en comparación con la mantequilla simple que se compra en el súper, pero yo la hubiera preferido fría para una consistencia y presentación más agradable.
Mi entrada fue un crab cake. El mesero me advirtió que era una entrada pequeña, algo que yo no desconocía pero entiendo que la intención fue evitar una decepción. La decepción, sí llegó con el crab cake, no por su tamaño, ni mucho menos por su preparación, sino por su presentación.
Resulta que el crab cake estaba hecho decentemente, pero lo habían asentado sobre una salsa de aguacate y una retícula de ¡CREMA! y por encima también tenía ¡CREMA! Ahhh, inconfundible y desvergonzada, la vulgar retícula de crema parecía mofarse de mí diciendo: "¡y vos pensaste que en un restaurante de lujo no me ibas a encontrar así desnuda e impúdica! ¿no que sólo sobre comida rápida pues? ahora aguantate ¡¡jajaja, jajajajajaja, jajajaajaja!!" Su cómplice, la salsa de guacamol, paliducha y totalmente desencajada con el atractivo bronceado del crab cake, estaba allí, tirada, inmóvil y aburrida, sin tan siquiera quejarse de su cínica jefa, sino resignada a hacerle sus mandados y anunciar su insolencia.
En fin, disfruté como pude el crab cake y pedí mi plato fuerte. Por un momento estuve angustiado al no saber qué pedir entre tan interesantes nombres. Un razonamiento lógico me llevó a decidirme: Robalo Jake's. Si el plato tiene el nombre del lugar, debería ser toda una muestra de las más altas destrezas del chef ¿no?
Me llevaron mi Robalo Jake's y me di cuenta de lo equivocado que estaba. No era una catástrofe ni mucho menos. La salsa a base de crema estaba bien ataviada con mostaza dijon, pimienta verde, y un ligero reflejo lentejueloso que parecía delatar un toque de fond de veau. Así sí es aceptable la crema, bien casada y armonizada con aromas y texturas interesantes. El trozo de pescado estaba acompañado de un cono de arroz que hubiera hecho feliz a mi abuelita: amarillo, suelto y con vegetales, pero a mí me resultó poco original y decepcionante.
Hasta ahora, no estaba convencido de dar una calificación alta a Jake's. Pero justo cuando menos me lo esperaba, apareció al rescate el postre. Reposando sobre una salsa de caramelo y una de dulce de leche (que bien pudo haber sido leche condensada para reforzar la atmósfera de comida rápida) se asentaba el budín de chocolate. Fue una sorpresa total: un budín tipo english bread pudding, caliente y acogedor. Lo probé y fue como sentirme abrazado por un fraile bromista y regordete que quiere convencerte de que eres un buen ladrón y que después de una buena comida y una larga siesta, estarás listo para enfrentar al malvado sheriff de Nottingham.
Con una consistencia excelente y una oscilación de sabores que iba del banano al chocolate y de regreso, el postre fue el héroe de la comida. Hasta me hizo olvidar el sutil olor a creolina que salía de la cocina o del baño...(no me volveré a sentar en la mesa que está cerca del baño).
Creo, sin embargo, que el nombre no es el apropiado. No era lo suficientemente chocolatoso como se podría pensar. Yo preferiría llamarlo "budín inglés de pan" o tal vez sólo "budín inglés". Pues sí, la deliciosa y caliente masa era de pan. Lo confirmé con el mesero, a quien parecía darle vergüenza admitirlo.
Estoy seguro que en este restaurante habrán platos que me dejarán una mejor impresión, pero por el momento, y básicamente rescatado por su excelente postre, no le daré a Jake's más de cuatro lenguas :P :P :P :P
La reputación precede a este lugar por mucho. Y no es ninguna decepción. El comensal es recibido por una entrada muy discreta pero encantadora: un umbral de adobe deteriorado, un muro añoso y llorón, cubierto con una frondosa tapia y después se pasa al jardín donde ya se aprecia el nada discreto concepto del restaurante. El jardín muy bien cuidado que aún combina con la presentación casi en ruinas de la entrada, da paso a una casa que parece estar silenciada con poco color y poco aderezo para que no denuncie tan escandalosamente su contraste con tales ruinas.
Con mucho ingenio Jake's ofrece un "financial stimulus menu" que consiste en agrupar entrada, plato fuerte, postre y café por docientos quetzales, sin propina y con una hora de parqueo. Si me preguntan a mí, un verdadero anzuelo para quienes como yo aspiran a que su presupuesto alcance para comer con lujo más seguido que cuando había prosperidad económica en el mundo.
Mordí el anzuelo. Pedí tal menú no sin antes asegurarme que los tamaños de las porciones serían iguales que los del menú normal. De cortesía sirven pan y mantequilla. Me dieron a elegir entre mantequilla normal y preparada y por supuesto pedí la preparada. Estaba a temperatura ambiente, lo que la hacía ver poco apetitosa y resultar resbalosa al paladar. Con pimientos y ajos era una mejora en comparación con la mantequilla simple que se compra en el súper, pero yo la hubiera preferido fría para una consistencia y presentación más agradable.
Mi entrada fue un crab cake. El mesero me advirtió que era una entrada pequeña, algo que yo no desconocía pero entiendo que la intención fue evitar una decepción. La decepción, sí llegó con el crab cake, no por su tamaño, ni mucho menos por su preparación, sino por su presentación.
Resulta que el crab cake estaba hecho decentemente, pero lo habían asentado sobre una salsa de aguacate y una retícula de ¡CREMA! y por encima también tenía ¡CREMA! Ahhh, inconfundible y desvergonzada, la vulgar retícula de crema parecía mofarse de mí diciendo: "¡y vos pensaste que en un restaurante de lujo no me ibas a encontrar así desnuda e impúdica! ¿no que sólo sobre comida rápida pues? ahora aguantate ¡¡jajaja, jajajajajaja, jajajaajaja!!" Su cómplice, la salsa de guacamol, paliducha y totalmente desencajada con el atractivo bronceado del crab cake, estaba allí, tirada, inmóvil y aburrida, sin tan siquiera quejarse de su cínica jefa, sino resignada a hacerle sus mandados y anunciar su insolencia.
En fin, disfruté como pude el crab cake y pedí mi plato fuerte. Por un momento estuve angustiado al no saber qué pedir entre tan interesantes nombres. Un razonamiento lógico me llevó a decidirme: Robalo Jake's. Si el plato tiene el nombre del lugar, debería ser toda una muestra de las más altas destrezas del chef ¿no?
Me llevaron mi Robalo Jake's y me di cuenta de lo equivocado que estaba. No era una catástrofe ni mucho menos. La salsa a base de crema estaba bien ataviada con mostaza dijon, pimienta verde, y un ligero reflejo lentejueloso que parecía delatar un toque de fond de veau. Así sí es aceptable la crema, bien casada y armonizada con aromas y texturas interesantes. El trozo de pescado estaba acompañado de un cono de arroz que hubiera hecho feliz a mi abuelita: amarillo, suelto y con vegetales, pero a mí me resultó poco original y decepcionante.
Hasta ahora, no estaba convencido de dar una calificación alta a Jake's. Pero justo cuando menos me lo esperaba, apareció al rescate el postre. Reposando sobre una salsa de caramelo y una de dulce de leche (que bien pudo haber sido leche condensada para reforzar la atmósfera de comida rápida) se asentaba el budín de chocolate. Fue una sorpresa total: un budín tipo english bread pudding, caliente y acogedor. Lo probé y fue como sentirme abrazado por un fraile bromista y regordete que quiere convencerte de que eres un buen ladrón y que después de una buena comida y una larga siesta, estarás listo para enfrentar al malvado sheriff de Nottingham.
Con una consistencia excelente y una oscilación de sabores que iba del banano al chocolate y de regreso, el postre fue el héroe de la comida. Hasta me hizo olvidar el sutil olor a creolina que salía de la cocina o del baño...(no me volveré a sentar en la mesa que está cerca del baño).
Creo, sin embargo, que el nombre no es el apropiado. No era lo suficientemente chocolatoso como se podría pensar. Yo preferiría llamarlo "budín inglés de pan" o tal vez sólo "budín inglés". Pues sí, la deliciosa y caliente masa era de pan. Lo confirmé con el mesero, a quien parecía darle vergüenza admitirlo.
Estoy seguro que en este restaurante habrán platos que me dejarán una mejor impresión, pero por el momento, y básicamente rescatado por su excelente postre, no le daré a Jake's más de cuatro lenguas :P :P :P :P
Restaurante Sushi Itto
Ubicado en Condado Concepción, teléfono 66345472
Fue tal vez en 1986 cuando, hasta donde yo sé, se abrió el primer restaurante japonés en Guatemala. Desde entonces la comida japonesa se ha generalizado de manera más bien modesta hasta manifestarse en el ubicuo sushi que ahora es considerado comida rápida.
Sushi Itto es un restaurante que visito con frecuencia. En mi más reciente visita tuve la impresión de que el menú está cada vez más influenciado por la comida Thai. El bocadillo de cortesía consiste en zanahoria rallada que se acompaña con una salsa ligera, muy entretenido y de apariencia saludable.
Inicié mi almuerzo con unos dumplings de camarón al vapor. Los dumplings eran más grandes de lo que me esperaba y estaban acompañados de una salsa a base de tamarindo. Por sí sólos, ni los dumplings ni la salsa tenían personalidad, pero combinados resultaron una entrada bastante atractiva. Aunque para mi gusto, son mejores los dumplings al vapor que se sirven a la hora del Dim Sum.
Sé que me prometí a mí mismo no volver a pedir cocteles dulces para acompañar la comida, pero cuando el mesero me ofreció un coco tai, simplemente no me pude resistir. Las bebidas de coco son una de mis debilidades. Me trajeron el coctel en un vaso que más bien es una copa para agua. La bebida tenía un toque de jarabe de granadina. La pedí con vodka, pero al probarla no sentí la patada del alcohol. Le dije al mesero: no me la vaya a cobrar como si tuviera licor, pues no lo tiene. De manera diligente el mesero me explicó que si se trata de ron añejo sí se cobra extra, pero en el caso del vodka no. Tuvo la amabilidad de llevarme dos onzas de vodka por separado. La bebida me transportó: me sentí relajado en una hamaca en el puerto (los guatemaltecos no decimos "la playa" sino "el puerto", vaya usted a saber por qué) rodeado de ranchos de palma y arena negra, sintiendo la dulzura del coco y a la vez el salitre de la brisa del pacífico.
Mi plato fuerte consistió en una cazuela de mariscos. Era una sopa en una cantidad no muy generosa pero sí muy deliciosa a base de curry, acompañada de arroz blanco y unas "corbatas" a manera de galletas. El arroz asiático es una maravilla, a mi juicio un arroz blanco hecho con intención asiática (pues no lleva más que agua) resulta superior al arroz estilo guatemalteco que tiene que ser amarillo y suelto, con zanahoria y arvejas. Si no está suelto, se enojan las señoras de antes.
La cazuela tenía zucchini, que como ustedes saben no es de mi predilección, pero este ha sido el mejor zucchini que he probado. Parece que el zucchini, junto con los camarones fueron pasados en una plancha muy caliente justo antes de ser puestos en la sopa. El pescado, por su parte estaba perfectamente cocinado, seguramente preparado a parte con otra técnica. Fue una lástima que el curry resultara demasiado arrollador para el delicado pescado. Los camarones fueron la nota decepcionante del plato. Aparte de ser pocos, no parecían muy frescos ni aportaban mucho a la experiencia del sudeste asiático.
Con el coco tai, me pareció excesivo comer postre. Realmente considero que con lo que cuestan estos platos y bebidas, puedo tener una mejor comida oriental en otros lugares. Aunque probablemente no serán tan saludables y amigables a la digestión como los de Sushi Itto. Calificación: tres lenguas y media :P :P :P :p
Fue tal vez en 1986 cuando, hasta donde yo sé, se abrió el primer restaurante japonés en Guatemala. Desde entonces la comida japonesa se ha generalizado de manera más bien modesta hasta manifestarse en el ubicuo sushi que ahora es considerado comida rápida.
Sushi Itto es un restaurante que visito con frecuencia. En mi más reciente visita tuve la impresión de que el menú está cada vez más influenciado por la comida Thai. El bocadillo de cortesía consiste en zanahoria rallada que se acompaña con una salsa ligera, muy entretenido y de apariencia saludable.
Inicié mi almuerzo con unos dumplings de camarón al vapor. Los dumplings eran más grandes de lo que me esperaba y estaban acompañados de una salsa a base de tamarindo. Por sí sólos, ni los dumplings ni la salsa tenían personalidad, pero combinados resultaron una entrada bastante atractiva. Aunque para mi gusto, son mejores los dumplings al vapor que se sirven a la hora del Dim Sum.
Sé que me prometí a mí mismo no volver a pedir cocteles dulces para acompañar la comida, pero cuando el mesero me ofreció un coco tai, simplemente no me pude resistir. Las bebidas de coco son una de mis debilidades. Me trajeron el coctel en un vaso que más bien es una copa para agua. La bebida tenía un toque de jarabe de granadina. La pedí con vodka, pero al probarla no sentí la patada del alcohol. Le dije al mesero: no me la vaya a cobrar como si tuviera licor, pues no lo tiene. De manera diligente el mesero me explicó que si se trata de ron añejo sí se cobra extra, pero en el caso del vodka no. Tuvo la amabilidad de llevarme dos onzas de vodka por separado. La bebida me transportó: me sentí relajado en una hamaca en el puerto (los guatemaltecos no decimos "la playa" sino "el puerto", vaya usted a saber por qué) rodeado de ranchos de palma y arena negra, sintiendo la dulzura del coco y a la vez el salitre de la brisa del pacífico.
Mi plato fuerte consistió en una cazuela de mariscos. Era una sopa en una cantidad no muy generosa pero sí muy deliciosa a base de curry, acompañada de arroz blanco y unas "corbatas" a manera de galletas. El arroz asiático es una maravilla, a mi juicio un arroz blanco hecho con intención asiática (pues no lleva más que agua) resulta superior al arroz estilo guatemalteco que tiene que ser amarillo y suelto, con zanahoria y arvejas. Si no está suelto, se enojan las señoras de antes.
La cazuela tenía zucchini, que como ustedes saben no es de mi predilección, pero este ha sido el mejor zucchini que he probado. Parece que el zucchini, junto con los camarones fueron pasados en una plancha muy caliente justo antes de ser puestos en la sopa. El pescado, por su parte estaba perfectamente cocinado, seguramente preparado a parte con otra técnica. Fue una lástima que el curry resultara demasiado arrollador para el delicado pescado. Los camarones fueron la nota decepcionante del plato. Aparte de ser pocos, no parecían muy frescos ni aportaban mucho a la experiencia del sudeste asiático.
Con el coco tai, me pareció excesivo comer postre. Realmente considero que con lo que cuestan estos platos y bebidas, puedo tener una mejor comida oriental en otros lugares. Aunque probablemente no serán tan saludables y amigables a la digestión como los de Sushi Itto. Calificación: tres lenguas y media :P :P :P :p
domingo, 15 de marzo de 2009
Restaurante La Fattoria
Ubicado en la 16 calle 4-68 zona 10, teléfono 23343702.
Este lugar tiene un encanto misterioso. Está ubicado en una casa de mediados del siglo XX cuya estética no termina de ser art deco, ni moderna, ni tradicional, pero resulta tan familiar que hace sentir al visitante inexplicablemente cómodo y confianzudo. Si usted quiere sentirse como en casa, creo que este lugar la va a gustar.
La casa está pintada de un amarillo limón, no muy apetitoso si me preguntan a mí. Pero una vez se traspasa el umbral de la entrada, lo agresivo de ese color se olvida para dar paso a una decoración modesta. Me sentí como entrando a la cocina de la casa de alguna gente rica en los años '60: potente iluminación natural; sillas torneadas, sencillas y comunes; manteles y cortinitas de cuadros y una mesa con antipastos como listos para ser pasados al comedor.
De allí en adelante, todo fue un shock de realidad (¿querías un restaurante casero? ¡pues aquí lo tienes!). Mi orden consistió en unos tortellini rellenos de salmón en salsa de aglio e olio, un carpaccio de lomito (según ellos) y una ensalada caprese. El postre fue un pastel de chiqueadores. Lo acompañé con una copa de vino blanco.
Los tortellini no estaban parejamente cocidos, unos más duros que otros, lo que no es necesariamente malo, pues para mí resulta en un plato más interesante. Lo malo fue el relleno, que no se sentía fresco. El pescado (cuando se sentía) no aportaba más que una nota de falta de frescura. También probé un tortellini con salsa de tres o cinco quesos (no me recuerdo el número exacto) pero no era más que una salsa de crema casera.
El vino me lo sirvieron en una de esas copas como las que teníamos en casa cuando yo era niño: las que algún tío tacaño regaló para alguna boda, de vidrio grueso y cuestionable buen gusto, con capacidad reducida con el objeto de servir algún jerez u otra bebida de la cual se toma poco por su concentración, sin espacio para sentir el buqué.
El carpaccio fue lo más interesante. Definitivamente no era de lomito, sino de algún jamón curado, embullido en aceite, con cebollín picado y (he aquí lo interesante) apio. La ensalada era más para reír que para degustar. No lo digo por el tamaño de la porción, que no estaba mal. Lo digo por que era tan casera pero tan casera, que ni siquiera se tomaron la molestia de usar tomate manzano (o jitomate) sino estaba hecha con el plebeyo tomate ciruelo.
El postre también era muy casero. Un pastel de chiqueadores, emborrachado con algún licor y relleno de chocolate. Casi tan bueno como los que hacía mi madrastra.
Al final la sentencia es clara: La Fattoría es el lugar insuperable de la comida casera, la decoración casera y el servicio casero. Para eso ¡mejor me quedo comiendo en mi casa! Calificación: dos lenguas y media :P :P :p
Este lugar tiene un encanto misterioso. Está ubicado en una casa de mediados del siglo XX cuya estética no termina de ser art deco, ni moderna, ni tradicional, pero resulta tan familiar que hace sentir al visitante inexplicablemente cómodo y confianzudo. Si usted quiere sentirse como en casa, creo que este lugar la va a gustar.
La casa está pintada de un amarillo limón, no muy apetitoso si me preguntan a mí. Pero una vez se traspasa el umbral de la entrada, lo agresivo de ese color se olvida para dar paso a una decoración modesta. Me sentí como entrando a la cocina de la casa de alguna gente rica en los años '60: potente iluminación natural; sillas torneadas, sencillas y comunes; manteles y cortinitas de cuadros y una mesa con antipastos como listos para ser pasados al comedor.
De allí en adelante, todo fue un shock de realidad (¿querías un restaurante casero? ¡pues aquí lo tienes!). Mi orden consistió en unos tortellini rellenos de salmón en salsa de aglio e olio, un carpaccio de lomito (según ellos) y una ensalada caprese. El postre fue un pastel de chiqueadores. Lo acompañé con una copa de vino blanco.
Los tortellini no estaban parejamente cocidos, unos más duros que otros, lo que no es necesariamente malo, pues para mí resulta en un plato más interesante. Lo malo fue el relleno, que no se sentía fresco. El pescado (cuando se sentía) no aportaba más que una nota de falta de frescura. También probé un tortellini con salsa de tres o cinco quesos (no me recuerdo el número exacto) pero no era más que una salsa de crema casera.
El vino me lo sirvieron en una de esas copas como las que teníamos en casa cuando yo era niño: las que algún tío tacaño regaló para alguna boda, de vidrio grueso y cuestionable buen gusto, con capacidad reducida con el objeto de servir algún jerez u otra bebida de la cual se toma poco por su concentración, sin espacio para sentir el buqué.
El carpaccio fue lo más interesante. Definitivamente no era de lomito, sino de algún jamón curado, embullido en aceite, con cebollín picado y (he aquí lo interesante) apio. La ensalada era más para reír que para degustar. No lo digo por el tamaño de la porción, que no estaba mal. Lo digo por que era tan casera pero tan casera, que ni siquiera se tomaron la molestia de usar tomate manzano (o jitomate) sino estaba hecha con el plebeyo tomate ciruelo.
El postre también era muy casero. Un pastel de chiqueadores, emborrachado con algún licor y relleno de chocolate. Casi tan bueno como los que hacía mi madrastra.
Al final la sentencia es clara: La Fattoría es el lugar insuperable de la comida casera, la decoración casera y el servicio casero. Para eso ¡mejor me quedo comiendo en mi casa! Calificación: dos lenguas y media :P :P :p
miércoles, 11 de marzo de 2009
Restaurante Papazitos
Ubicado en Condado Concepción, Km. 15 carretera a El Salvador. Teléfono 6637-3601.
Fui a desayunar a Papazitos y fue un gusto. Hay varios restaurantes que mantienen a su clientela a base de queso (sobre todo cheddar y mozzarella) crema y mantequilla. Lo combinan con papas, chiles, arroz, en pizzas, hamburguesas, ensaladas, etc. Un poco de salsa barbacoa y ya con eso tienen para hacer todo el menú.
Papazitos es uno de esos lugares, pero con un giro más artesanal. Lo artesanal se ve hasta en el acabado de sus paredes que son cortezas de árbol y láminas de zinc.
Esa decoración de Bonanza mezclado con Pizza Grizzly (donde hacían las promociones de toda la pizza que pudiera comer por 1 centavo-con razón quebraron) lamentablemente encubre bancas que, como la que me tocó, ya están flojas y medio destartaladas. Pero como combinan con lo rústico del lugar, supongo que es parte del encanto.
Mi orden consistió en un mama's hashbrown quiche, una southwestern breakfast pizza y un banana foster french toast. Como ven, la carta es evocadora de la comida rápida. Tal vez Papazitos puede considerarse comida rápida (¡atendiendo a la técnica, pero no al tiempo para servir!), pero si lo es, será la cumbre, muy por encima de su competencia.
El quiche estaba bien hecho, con rica consistencia y adornado con cebollín picado. También tenía crema por encima, a manera de espiral, que parecía decirme: recuerda que esto no es más que Friday's pero cocinado con más paciencia. Con esto quiero decir que el uso de la crema a la hora de adornar la comida es casi una confesión de que se trata de comida rápida.
La pizza estaba muy buena. La masa no era demasiado gruesa ni demasiado delgada, y estaba en ese punto de cocimiento que la deja "chewy".
Lo mejor de la mañana fue el banana foster french toast. El concepto parecía inspirado en una torreja: un pan con un relleno atractivo, bañado en una espesa miel (por supuesto, convencional miel de maple y no miel de torreja - que se aromatiza con jengibre y pimienta). El toque maestro de los bananos sobre el pan me parecieron una muestra del esmero en hacer bien este postre.
Papazitos, el restaurante que se esfuerza exitosamente por hacer de la comida rápida una experiencia memorable, se merece tres lenguas :P :P :P
Fui a desayunar a Papazitos y fue un gusto. Hay varios restaurantes que mantienen a su clientela a base de queso (sobre todo cheddar y mozzarella) crema y mantequilla. Lo combinan con papas, chiles, arroz, en pizzas, hamburguesas, ensaladas, etc. Un poco de salsa barbacoa y ya con eso tienen para hacer todo el menú.
Papazitos es uno de esos lugares, pero con un giro más artesanal. Lo artesanal se ve hasta en el acabado de sus paredes que son cortezas de árbol y láminas de zinc.
Esa decoración de Bonanza mezclado con Pizza Grizzly (donde hacían las promociones de toda la pizza que pudiera comer por 1 centavo-con razón quebraron) lamentablemente encubre bancas que, como la que me tocó, ya están flojas y medio destartaladas. Pero como combinan con lo rústico del lugar, supongo que es parte del encanto.
Mi orden consistió en un mama's hashbrown quiche, una southwestern breakfast pizza y un banana foster french toast. Como ven, la carta es evocadora de la comida rápida. Tal vez Papazitos puede considerarse comida rápida (¡atendiendo a la técnica, pero no al tiempo para servir!), pero si lo es, será la cumbre, muy por encima de su competencia.
El quiche estaba bien hecho, con rica consistencia y adornado con cebollín picado. También tenía crema por encima, a manera de espiral, que parecía decirme: recuerda que esto no es más que Friday's pero cocinado con más paciencia. Con esto quiero decir que el uso de la crema a la hora de adornar la comida es casi una confesión de que se trata de comida rápida.
La pizza estaba muy buena. La masa no era demasiado gruesa ni demasiado delgada, y estaba en ese punto de cocimiento que la deja "chewy".
Lo mejor de la mañana fue el banana foster french toast. El concepto parecía inspirado en una torreja: un pan con un relleno atractivo, bañado en una espesa miel (por supuesto, convencional miel de maple y no miel de torreja - que se aromatiza con jengibre y pimienta). El toque maestro de los bananos sobre el pan me parecieron una muestra del esmero en hacer bien este postre.
Papazitos, el restaurante que se esfuerza exitosamente por hacer de la comida rápida una experiencia memorable, se merece tres lenguas :P :P :P
sábado, 7 de marzo de 2009
Restaurante Vista'l Campo
Ubicado en el Club de Golf San Isidro, zona 16
Soy un firme creyente en que los clubes que están abiertos mientras alumbra el sol son para niños y para sus escoltas (comúnmente llamados "padres") y los clubes que abren cuando está oscuro son para gente grande. A los niños se les da de comer hamburguesas y papas fritas con ketchup. Eso es lo único que deben saber cocinar en un club abierto de día: hamburguesas y papas fritas con ketchup. La total ausencia de oferta culinaria adicional debe ser cubierta por entretenimiento: piscinas, juegos mecánicos, resbaladeros gigantes, o en el caso de un club de golf, carritos eléctricos y un jardín grande y selectivamente perforado.
Entre mejor es el entretenimiento, peor es la comida. Cuando el entretenimiento es de la magnitud de un campo de golf (¡a donde van niños también!), ya podrá usted imaginarse... y a eso que usted se imagina, ¡agréguele un precio que combine con golf!
Al examinar la carta, queriendo neciamente falsear mi creencia sobre los clubes diurnos, traté de escoger el plato que sonara más original y a la vez lo suficientemente sencillo como para que supiera bien. Mi elección fue un lomito Zacapa, es decir, con una salsa agridulce hecha con ron Zacapa Centenario (uno de los mejores rones del mundo, hágame el favor de reconocer).
Una salsa hecha a base de Zacapa Centenario suena original, y el lomito es un trozo de carne de por sí suave y jugoso que requiere genio para echarle a perder. Parecía la opción perfecta.
Pasaron como 20 minutos y finalmente me sirvieron mi orden. Eran dos medallones de carne de res, tres trozos de perulero moldeado y un colochito de pimientos en vinagre. Valga decir que los pimientos fue lo mejor del plato. El perulero estaba duro y preparado pobremente, con algo de mantequilla y perejil. La misma base, supongo, con la que preparan tooodas las guarniciones de los platos de gente grande.
El lomito fue ¿cómo decirles? imagínense que, con los ojos cerrados, mientras mastica un bocado vienen a la mente las imágenes del dirigible Hindenburg atracando en New Jersey en 1937 y empieza a incendiarse y se puede oir la voz desesperada del locutor "this is terrible!... this is one of the worst catastrophes in the world...ohhh the humanity!" Dos enmudecidos pedazos de carne retorcida, dura, reseca, en un plato páramo lamentan junto con usted tan triste experiencia...(el Titanic hundiéndose y el estallido de Krakatoa también resultan cuadros apropiados).
¡Debí haber pedido una hamburguesa con papas y ketchup!
Una catástrofe total. Dos lenguas para Vista'l Campo :P :P
Soy un firme creyente en que los clubes que están abiertos mientras alumbra el sol son para niños y para sus escoltas (comúnmente llamados "padres") y los clubes que abren cuando está oscuro son para gente grande. A los niños se les da de comer hamburguesas y papas fritas con ketchup. Eso es lo único que deben saber cocinar en un club abierto de día: hamburguesas y papas fritas con ketchup. La total ausencia de oferta culinaria adicional debe ser cubierta por entretenimiento: piscinas, juegos mecánicos, resbaladeros gigantes, o en el caso de un club de golf, carritos eléctricos y un jardín grande y selectivamente perforado.
Entre mejor es el entretenimiento, peor es la comida. Cuando el entretenimiento es de la magnitud de un campo de golf (¡a donde van niños también!), ya podrá usted imaginarse... y a eso que usted se imagina, ¡agréguele un precio que combine con golf!
Al examinar la carta, queriendo neciamente falsear mi creencia sobre los clubes diurnos, traté de escoger el plato que sonara más original y a la vez lo suficientemente sencillo como para que supiera bien. Mi elección fue un lomito Zacapa, es decir, con una salsa agridulce hecha con ron Zacapa Centenario (uno de los mejores rones del mundo, hágame el favor de reconocer).
Una salsa hecha a base de Zacapa Centenario suena original, y el lomito es un trozo de carne de por sí suave y jugoso que requiere genio para echarle a perder. Parecía la opción perfecta.
Pasaron como 20 minutos y finalmente me sirvieron mi orden. Eran dos medallones de carne de res, tres trozos de perulero moldeado y un colochito de pimientos en vinagre. Valga decir que los pimientos fue lo mejor del plato. El perulero estaba duro y preparado pobremente, con algo de mantequilla y perejil. La misma base, supongo, con la que preparan tooodas las guarniciones de los platos de gente grande.
El lomito fue ¿cómo decirles? imagínense que, con los ojos cerrados, mientras mastica un bocado vienen a la mente las imágenes del dirigible Hindenburg atracando en New Jersey en 1937 y empieza a incendiarse y se puede oir la voz desesperada del locutor "this is terrible!... this is one of the worst catastrophes in the world...ohhh the humanity!" Dos enmudecidos pedazos de carne retorcida, dura, reseca, en un plato páramo lamentan junto con usted tan triste experiencia...(el Titanic hundiéndose y el estallido de Krakatoa también resultan cuadros apropiados).
¡Debí haber pedido una hamburguesa con papas y ketchup!
Una catástrofe total. Dos lenguas para Vista'l Campo :P :P
Suscribirse a:
Entradas (Atom)