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domingo, 14 de junio de 2009

Restaurante Tapas y Cañas

Ubicado en la 13 calle, 7-88 zona 10, teléfono 2388-2727

Pasé muchos años de mi vida en la 13 calle de la zona 10 por que allí estuvo por muchos años el colegio donde estudié. Esa misma casona ha servido de sede a varios colegios. Recuerdo que había otro colegio del otro lado de la cuadra, era algo así como un secretariado o colegio de señoritas. El punto es que, si no estoy mal, ese local es ahora el restaurante Tapas y Cañas.

El local y el ambiente son muy agradables, con un jardín bien cuidado, paredes que parecen añoso adobe, y un bar que no vi de cerca pero que parece prometedor. Las tapas tienen la gran ventaja de que se puede gastar poco en un par, o se puede gastar mucho en una docena. Yo me decidí por probar una ensalada, 8 tapas y dos postres.

Creo que lo mejor será empezar por el final. Probé dos postres. Uno fue simplemente exquisito: el postre frío alicante, o de turrón de alicante. No recuerdo muy bien. Una pequeña obra de arte. Sobre una galleta con consistencia de espumilla se presentan dos esferas de colores llamativos, cuales huevos de ave del paraíso. En medio de las dos esferas, un ala de mariposa hecha de caramelo. Esta pequeña escultura descansa sobre una espesa salsa de dulce de leche con trocitos de alguna fruta seca que no identifiqué. Intenté comerme el ala de mariposa, pero no conseguí mas que puyarme la lengua con una filosa punta.

Las bolitas parecían una combinación de helado, crema y turrón de alicante, de variadas consistencias y texturas, que al combinarse con la galleta de espumilla y la salsa de caramelo, daba un resultado magnífico.

El otro postre que probé fue un mousse de nutella con un licor, no recuerdo si Baileys u otro. El licor daba un aroma provocativo al mousse, pero lamentablemente no sabía a nutella.

De allí hacia el inicio, la experiencia fue más bien deslucida. Tal vez la mejor de las tapas fue un gratinado de espincas. Cremoso y aromático, fue muy convincente, sobre todo por el aura de salud que tienen las verdes espincas, entonces uno bien puede pensar que está comiendo algo bueno en lugar de la bechamel con sus pobres carbohidratos simples.

El segundo lugar se lo daría a las croquetas de cangrejo. Muy sabrosas, acompañadas inteligentemente por una salsa de tomate en lugar de la abusiva y pesada salsa tártara. Lo gracioso es que las croquetas son más bien de papa. Genéticamente creo que es imposible demostrar que en esas croquetas había cangrejo, pero estaban ricas.

Los callos a la madrileña, y las patatas alioli estaban bien pero sin nada interesante o llamativo. Ya en una escala menor, ubico al pulpo a la gallega y las albóndigas de lomito. El pulpo era demasiado aceitoso y sin aroma. Las albóndigas estaban resecas, y dudo seriamente que fueran de lomito. Ahogadas en una salsa de tomate atractiva, las albóndigas parecían llamativas y sabrosas, pero a mi juicio era más una ilusión óptica que se desvanecía con sólo cortar las albóndigas con un cuchillo.

En último lugar ubico a la ensalada templada de alcachofas. Me supo amarga, como enfermera malhumorada, reforzada por el pesado aroma del queso de cabra.

El servicio es muy bueno y el lugar es en general bastante agradable. Habrá que buscar más cuidadosamente entre las tapas para ver cuál resulta genial. Calificación: tres lenguas y media :P :P :P :p

domingo, 7 de junio de 2009

Restaurante El Portal del Ángel

Ubicado en el Km 11.2 Carretera a El Salvador. Teléfono 2369 6007 y 23696015

La trilogía del colesterol, parte III

Este restaurante goza de una de las mejores vistas de toda la ciudad. Ubicado en la pendiente de los cerros del sureste de la ciudad, permite ver en una noche clara, casi el final de la calzada Roosevelt hacia el oeste y la calle Martí hacia el norte. Vale mucho la pena, sin duda.

La atmósfera del restaurante es de casa de finca, similar a la Hacienda Real, y su menú también está basado en la parrilla. El servicio es excelente. Los meseros se esmeran por hacer pasar un buen rato a los comensales y se apresuran a recomendar algún vino.

Mi experiencia con la comida no fue tan afortunada. La inicié con el clásico consomé, bebida-bocadillo de cortesía. Ordené unas chuletillas de cordero al romero, un corte que he pedido en otros lugares. Debo reconocer que, de todos los lugares donde lo he pedido, este era el plato más abundante. Lo pedí acompañado de guacamol y una ensalada de tomate y lechuga.

Las costillas no estaban jugosas, no se sentían frescas, y su sazón no era convincente. La ensalada y el guacamol estaban bien, sin ninguna ciencia en su preparación. Lo peor estaba por venir.

Pedí una crema catalana. Estaba un poco, como decirles...un poco horrible. Bueno, tal vez no para tanto como decir así "horrible como la película en que los gusanos se comen a la gente", pero con sólo ver la especie de suero de los bordes del plato, sobre el caramelo cristalizado, se podía pronosticar lo negativo del sabor. Efectivamente, el sabor era pobre y la textura de la crema bajo el caramelo, aguada. Ni un servicio impecable les salva de la calificación de dos lenguas y media :P :P :p

sábado, 2 de mayo de 2009

Restaurante el Mesón Panza Verde

Ubicado en la 5a avenida sur No. 19, Antigua Guatemala, teléfono 78322925

La Antigua Guatemala es un lugar extraordinario. Su aire desenfadado, sorpresivas ruinas, calles totalmente planas (quiero decir, sin los frecuentes altibajos de la topografía de tantos otros lugares), clima inexplicablemente benévolo, son amigables características que encubren muy bien las residencias y negocios de exquisito buen gusto. Detrás de una discreta pared adornada por buganvilias se pueden encontrar decoraciones y arquitecturas de mucho carácter, jardines hermosos, a veces todo esto rayano en la pedantería.

Ahora están cobrando Q10 por entrar a la ciudad como "derecho de parqueo" bajo el risible argumento de que "circular es un derecho, parquearse es un privilegio". Por supuesto, el pago no tiene a cambio ningún servicio. Pero si esta cuota ayuda a mantener la conservación de la ciudad, la pago con gusto, aunque esté convencido de que tratar de cobrar por parquearse en cualquier metro lineal de la ciudad me parezca un soberano abuso.

El Mesón Panza Verde conjuga muy bien todos los encantadores elementos arquitectónicos de la ciudad: un jardín muy bien plantado y cuidado, con terrazas con bancas de piedra (simulada, pero la intención es buena) y galerías de arte. Con un carácter propio de la ciudad colonial, el restaurante muestra en cada esquina y detalle un cuidado excepcional para mantener la evocación de elegancia antigüeña.

Al sentarme a la mesa me costaba creer que un lugar así de impresionante se ofreciera un menú con una limitada selección, impreso en una hoja mal emplasticada. No era un buen augurio.

Inicié el almuerzo con un queso camembert horneado y empanizado con salsa de saúco. El queso estaba muy bien preparado, y la salsa era dulce y serena, sin la insolente acidez que suelen tener las bayas.

Como plato fuerte pedí el de precio más alto: chuletas de cordero de nueva Zelanda. En mi opinión, un buen chef debe darse a la tarea de buscar ingredientes frescos. Optar por los congelados debería ser el último recurso. Aunque me pareció un toque malinchista anunciar en el menú que el cordero venía de tan lejos, como si en Guatemala no hubiera un proveedor de cordero decente, debo reconocer que las chuletas no hacían evidente su largo camino desde el Pacífico sur. También probé un pollo florentine, y créanme ¡estaba más fresco el cordero que el pollo! El pollo estaba reseco y soso, como si hubiera venido volando desde Nueva Zelanda, cargando el cordero congelado.

Las chuletas estaban acompañadas de una salsa cremosa de hongos portobello, nada extraordinario, unas papas horneadas más o menos vulgares, aunque no por ello feas o despreciables, y un guiso de berenjena, zucchini y pimientos. Este guiso compartía la falta de genio y originalidad del resto del plato, pero lo evidenciaba más gravemente.

La berenjena, el zucchini y el pimiento estaban ligadas con una salsa de tomate que parecía protestar: "¡¿vegetales?! ¡pero si a mí me dijeron que me iban a poner en una pizza!!" Las verduras, por su parte, dejaban claro la falta de esfuerzo en hacer un plato interesante, pues no contaban con texturas o aromas distintivos para cada una de ellas, sino todas estaban forzadamente cocidas para alcanzar una homogeneidad que complacería al mismísimo Zhou Enlai.

El pollo florentine estaba acompañado de unas arvejas chinas con almendras que estaban muy bien sazonadas, pero con una textura lamentablemente flácida, nada que ver con el extraordinario potencial que tienen estas arvejas cuando están frescas y cocinadas a un punto crocante y firme.

Las chuletas de cordero estaban bien sazonadas, con un punto de cocimiento adecuado, aunque una de las chuletas evidenciaba descuido y sobrecocimiento en un extremo.

De postre, comí el mousse de chocolate. Nada extraordinario, tampoco. Sin aromas o texturas interesantes. No estaba mal, pero por ese precio se pueden comprar dos raciones de mejores mousses en otros lugares.

Por último pedí un café americano. Impresionante. Aromático, con cuerpo, balance de complejas notas y sabores y excelente densidad. Seguro fue un auténtico café antigüeño.

En un local extraordinariamente bien concebido, pero con un servicio insuficiente que me resultó lento y un tanto descuidado, y una comida que no está a la altura de su precio y reputación, el Mesón Panza Verde se gana la calificación de tres lenguas :P :P :P

sábado, 4 de abril de 2009

Restaurante Sushi Itto

Ubicado en Condado Concepción, teléfono 66345472

Fue tal vez en 1986 cuando, hasta donde yo sé, se abrió el primer restaurante japonés en Guatemala. Desde entonces la comida japonesa se ha generalizado de manera más bien modesta hasta manifestarse en el ubicuo sushi que ahora es considerado comida rápida.

Sushi Itto es un restaurante que visito con frecuencia. En mi más reciente visita tuve la impresión de que el menú está cada vez más influenciado por la comida Thai. El bocadillo de cortesía consiste en zanahoria rallada que se acompaña con una salsa ligera, muy entretenido y de apariencia saludable.

Inicié mi almuerzo con unos dumplings de camarón al vapor. Los dumplings eran más grandes de lo que me esperaba y estaban acompañados de una salsa a base de tamarindo. Por sí sólos, ni los dumplings ni la salsa tenían personalidad, pero combinados resultaron una entrada bastante atractiva. Aunque para mi gusto, son mejores los dumplings al vapor que se sirven a la hora del Dim Sum.

Sé que me prometí a mí mismo no volver a pedir cocteles dulces para acompañar la comida, pero cuando el mesero me ofreció un coco tai, simplemente no me pude resistir. Las bebidas de coco son una de mis debilidades. Me trajeron el coctel en un vaso que más bien es una copa para agua. La bebida tenía un toque de jarabe de granadina. La pedí con vodka, pero al probarla no sentí la patada del alcohol. Le dije al mesero: no me la vaya a cobrar como si tuviera licor, pues no lo tiene. De manera diligente el mesero me explicó que si se trata de ron añejo sí se cobra extra, pero en el caso del vodka no. Tuvo la amabilidad de llevarme dos onzas de vodka por separado. La bebida me transportó: me sentí relajado en una hamaca en el puerto (los guatemaltecos no decimos "la playa" sino "el puerto", vaya usted a saber por qué) rodeado de ranchos de palma y arena negra, sintiendo la dulzura del coco y a la vez el salitre de la brisa del pacífico.

Mi plato fuerte consistió en una cazuela de mariscos. Era una sopa en una cantidad no muy generosa pero sí muy deliciosa a base de curry, acompañada de arroz blanco y unas "corbatas" a manera de galletas. El arroz asiático es una maravilla, a mi juicio un arroz blanco hecho con intención asiática (pues no lleva más que agua) resulta superior al arroz estilo guatemalteco que tiene que ser amarillo y suelto, con zanahoria y arvejas. Si no está suelto, se enojan las señoras de antes.

La cazuela tenía zucchini, que como ustedes saben no es de mi predilección, pero este ha sido el mejor zucchini que he probado. Parece que el zucchini, junto con los camarones fueron pasados en una plancha muy caliente justo antes de ser puestos en la sopa. El pescado, por su parte estaba perfectamente cocinado, seguramente preparado a parte con otra técnica. Fue una lástima que el curry resultara demasiado arrollador para el delicado pescado. Los camarones fueron la nota decepcionante del plato. Aparte de ser pocos, no parecían muy frescos ni aportaban mucho a la experiencia del sudeste asiático.

Con el coco tai, me pareció excesivo comer postre. Realmente considero que con lo que cuestan estos platos y bebidas, puedo tener una mejor comida oriental en otros lugares. Aunque probablemente no serán tan saludables y amigables a la digestión como los de Sushi Itto. Calificación: tres lenguas y media :P :P :P :p

miércoles, 11 de marzo de 2009

Restaurante Papazitos

Ubicado en Condado Concepción, Km. 15 carretera a El Salvador. Teléfono 6637-3601.

Fui a desayunar a Papazitos y fue un gusto. Hay varios restaurantes que mantienen a su clientela a base de queso (sobre todo cheddar y mozzarella) crema y mantequilla. Lo combinan con papas, chiles, arroz, en pizzas, hamburguesas, ensaladas, etc. Un poco de salsa barbacoa y ya con eso tienen para hacer todo el menú.

Papazitos es uno de esos lugares, pero con un giro más artesanal. Lo artesanal se ve hasta en el acabado de sus paredes que son cortezas de árbol y láminas de zinc.

Esa decoración de Bonanza mezclado con Pizza Grizzly (donde hacían las promociones de toda la pizza que pudiera comer por 1 centavo-con razón quebraron) lamentablemente encubre bancas que, como la que me tocó, ya están flojas y medio destartaladas. Pero como combinan con lo rústico del lugar, supongo que es parte del encanto.

Mi orden consistió en un mama's hashbrown quiche, una southwestern breakfast pizza y un banana foster french toast. Como ven, la carta es evocadora de la comida rápida. Tal vez Papazitos puede considerarse comida rápida (¡atendiendo a la técnica, pero no al tiempo para servir!), pero si lo es, será la cumbre, muy por encima de su competencia.

El quiche estaba bien hecho, con rica consistencia y adornado con cebollín picado. También tenía crema por encima, a manera de espiral, que parecía decirme: recuerda que esto no es más que Friday's pero cocinado con más paciencia. Con esto quiero decir que el uso de la crema a la hora de adornar la comida es casi una confesión de que se trata de comida rápida.

La pizza estaba muy buena. La masa no era demasiado gruesa ni demasiado delgada, y estaba en ese punto de cocimiento que la deja "chewy".

Lo mejor de la mañana fue el banana foster french toast. El concepto parecía inspirado en una torreja: un pan con un relleno atractivo, bañado en una espesa miel (por supuesto, convencional miel de maple y no miel de torreja - que se aromatiza con jengibre y pimienta). El toque maestro de los bananos sobre el pan me parecieron una muestra del esmero en hacer bien este postre.

Papazitos, el restaurante que se esfuerza exitosamente por hacer de la comida rápida una experiencia memorable, se merece tres lenguas :P :P :P

sábado, 7 de marzo de 2009

Restaurante Vista'l Campo

Ubicado en el Club de Golf San Isidro, zona 16

Soy un firme creyente en que los clubes que están abiertos mientras alumbra el sol son para niños y para sus escoltas (comúnmente llamados "padres") y los clubes que abren cuando está oscuro son para gente grande. A los niños se les da de comer hamburguesas y papas fritas con ketchup. Eso es lo único que deben saber cocinar en un club abierto de día: hamburguesas y papas fritas con ketchup. La total ausencia de oferta culinaria adicional debe ser cubierta por entretenimiento: piscinas, juegos mecánicos, resbaladeros gigantes, o en el caso de un club de golf, carritos eléctricos y un jardín grande y selectivamente perforado.

Entre mejor es el entretenimiento, peor es la comida. Cuando el entretenimiento es de la magnitud de un campo de golf (¡a donde van niños también!), ya podrá usted imaginarse... y a eso que usted se imagina, ¡agréguele un precio que combine con golf!

Al examinar la carta, queriendo neciamente falsear mi creencia sobre los clubes diurnos, traté de escoger el plato que sonara más original y a la vez lo suficientemente sencillo como para que supiera bien. Mi elección fue un lomito Zacapa, es decir, con una salsa agridulce hecha con ron Zacapa Centenario (uno de los mejores rones del mundo, hágame el favor de reconocer).

Una salsa hecha a base de Zacapa Centenario suena original, y el lomito es un trozo de carne de por sí suave y jugoso que requiere genio para echarle a perder. Parecía la opción perfecta.

Pasaron como 20 minutos y finalmente me sirvieron mi orden. Eran dos medallones de carne de res, tres trozos de perulero moldeado y un colochito de pimientos en vinagre. Valga decir que los pimientos fue lo mejor del plato. El perulero estaba duro y preparado pobremente, con algo de mantequilla y perejil. La misma base, supongo, con la que preparan tooodas las guarniciones de los platos de gente grande.

El lomito fue ¿cómo decirles? imagínense que, con los ojos cerrados, mientras mastica un bocado vienen a la mente las imágenes del dirigible Hindenburg atracando en New Jersey en 1937 y empieza a incendiarse y se puede oir la voz desesperada del locutor "this is terrible!... this is one of the worst catastrophes in the world...ohhh the humanity!" Dos enmudecidos pedazos de carne retorcida, dura, reseca, en un plato páramo lamentan junto con usted tan triste experiencia...(el Titanic hundiéndose y el estallido de Krakatoa también resultan cuadros apropiados).

¡Debí haber pedido una hamburguesa con papas y ketchup!

Una catástrofe total. Dos lenguas para Vista'l Campo :P :P

viernes, 13 de febrero de 2009

Restaurante Pecorino

Ubicado en la 11 calle 3-36 z 10

Pecorino es un restaurante como debe ser. Sin pedantería ni producción en serie. Con personalidad y elegante sencillez.

En un jardín con inspiración antigüeña, un horno de ladrillo y muebles de hierro, que también podrían pasar por escena mediterránea, una pizarra da la bienvenida al cliente, anunciando los especiales del día.

Para mi suerte, uno de los especiales el día de mi visita era el ossobuco de res. Había comido el ossobuco de Pecorino anteriormente y quedé muy bien impresionado por la forma en que estaba preparado, sobre todo la aromatización del tuétano con hierba de limón.

Entusiasmado me senté a la mesa y ordené un carpaccio de salmón. Una decepción. Reclamé al mesero: ¿el salmón está fresco? "Sí, sólo se sirve el trozo de salmón del día". Pues si el pescado lo estaba, que lo dudo, me pareció que el resto de los ingredientes no, pero en fin, no insistí. El servicio me parece impecable. Pareciera como si los meseros disfrutaran su trabajo y conocieran bien la cocina y el negocio. Su seguridad y amabilidad me desalentaron a hacer un escándalo por el carpaccio. Además, tenía mis esperanzas centradas en el ossobuco.

De cortesía sirven antipasto de berenjena, pan, aceite de oliva, vinagre y queso parmesano. La berenjena tenía un aroma como carbón o leña, sutil y agradable. Al preguntar sobre la destacada frescura del pan, el mesero indicó que era hecho en casa.

El ossobuco llegó triunfante a mi mesa en su espesa salsa pomodoro. Auténtica como arrepentimiento de niño después de hacer su primera travesura, la salsa no tiene pretensiones, su éxito es la integridad que se manifiesta en un sabor familiar y sus ingredientes gruesamente mezclados y fáciles de identificar.

Nunca he sido un entusiasta del zucchini, por lo que acompañando a la carne no me pareció que contribuía en mucho, aunque tenía un interesante aroma ahumado, como el de la berenjena.

Apartando la salsa pomodoro como explorador en busca de ruinas milenarias en la selva tropical, descubrí el hueso para comer el tuétano, y me encontré con que no tenía el aroma de limón de otras ocasiones. Otra decepción, pero no tan gruesa como para echar a perder la comida... no, para nada.

La carne pudo haber estado un poco más jugosa. El resultado fue un esfuerzo bueno para un buen plato, pero sin ser espectacular, como en otras ocasiones. Pregunté al mesero sobre el tuétano. Con soltura y amabilidad, el mesero indicó que efectivamente, antes le ponían hierba de limón al tuétano, pero no fue del gusto de la clientela, por lo que el chef cambió la receta y eliminó el ingrediente. Medio en broma y medio en serio sugerí que en una maceta tuvieran hierba de limón sembrada para que quienes gustáramos de ella no tuviéramos más que alargar el brazo y arrancar unas hojas para mezclar con la comida.

El mesero fue muy convincente. La navaja de Occam me indica, sin embargo, que lo más probable es que se les haya acabado el ingrediente y que debía sospechar de la veracidad del cambio de receta. Pero en fin, tampoco sería la primera vez que un plato con tal carácter cayera mal al paladar guatemalteco, tan acostumbrado a la simple parrillada cuando a carne se refiere.

De postre, el mousse de chocolate con frangélico. Más espeso que otros mousses, es exquisito. Yo estaba en las nubes, no sé si por el efecto estimulador de endorfinas del chocolate o la súbita inyección de azúcar en mi organismo. O ambas cosas. Este postre no es para una sola persona. Será delicioso, pero demasiado pesado. Además, compartir este plato tan dulce y refinado puede ayudarle a llegar al corazón de su pareja...o por lo menos, ¡al páncreas!

Otro toque agradable durante mi visita fue la música. "Volare" y otros estereotipos italianos con poco volumen sonaban entre letreros italianos pintorescos y una copia de la Gioconda un poco más grande de lo apropiado, ubicados en el área de no fumadores del restaurante. No sé si fue un descuido, pero por un momento sonó el tema musical de El Padrino. No tardaron mucho en quitarlo...me hubiera gustado escucharlo completo.

De ambiente y servicio superior a los otros lugares que he criticado, con una cocina muy bien cuidada y con momentos de genio, lamento sólo darle cuatro lenguas, debido al chasco del carpaccio y al cambio en la receta de ossobucco :P :P :P :P

martes, 3 de febrero de 2009

Restaurante Tamarindos

Ubicado en la 11 calle, 2-19 zona 10.

Un restaurante que siempre causa una extraordinaria impresion. Hay quienes creen que es el mejor de Guatemala. Yo, por supuesto, tengo mi propia opinión. Es un lugar muy bien decorado, al borde de lo pretencioso. Su bar tiene un aire de sofisticación y sencillez a la vez. Muy buen equilibrio.

La cocina es algo lenta. No regalan ni el agua. He visitado varias veces el lugar y no recuerdo una en que el pan haya estado caliente. Para acompañar el pan sirven una pastita de fresas que me resulta demasiado ascéptica, como si fuera para hacer gárgaras o para hacerme una limpieza de dentadura. Si la idea es limpiarse los dientes antes de comer, es todo un éxito.

He probado platos deliciosísimos en este lugar. Y seguiré frecuentándolo, seguro, por lo que esta no será la única reseña ¡no señor!

Por lo tanto, en lugar de divagar sobre los diferentes platos que he ordenado allí a lo largo de los años, me concentraré en mi más reciente visita.

Inicié la velada con pulpo al curry amarillo. Soy un amante del pulpo, y esta entrada me cautivó. Creo que necesitan perfeccionar una salsa más ligera, pues aunque la que me sirvieron tenía un sabor, un carácter y una complejidad de concurso, su espesura no se equilibraba bien con la singular consistencia del pulpo. En mi opinión, la salsa opaca indebidamente al pulpo, lo que se remediaría haciéndola más ligera.

Las tejas de lomito con brócoli y salsa de ostras me supieron pasadas de sal. La consistencia de la cane a manera de cecina seca (beef jerky) me pareció bien atrevida, pues a pesar de tener esa consistencia, que usualmente resulta en carne retorcida, las tejas tenían una forma y textura de lámina, es decir, rectas y lisas. Muy interesante.

El stake tartar no me sedujo. De nuevo, me pareció que los ingredientes periféricos opacaron el aroma (esta vez el aroma, no la consistencia) del ingrediente central. El atún rojo con curry no lo recuerdo con mucha claridad, saben...el pulpo ocupó casi todo mi disco duro. Tal vez por que no había mucho qué criticarle. Si mal no recuerdo, la salsa tenía una menor densidad, lo que permitía apreciar el atún con integridad, pero no me tomen la palabra. La próxima vez llevaré conmigo un notario para dejar constancia fiel de mi reacción.

Por último el postre. Como lo he confesado antes, soy un devoto de los samplers. Éste fue un sampler de de sorbetes. Un éxito total. Como gemas suculentas en un práctico plato blanco, las bolitas de colores y felicidad hechas con los sorbetes me hicieron sentir un niño de nuevo. ¡Aunque de niño nuca me gustaron los helados!

Lo divertido del postre fue adivinar cada uno de los sabores de los sorbetes. Uno más interesante y llamativo que el otro. El que más me sorprendió fue uno verde claro, cuyo ingrediente no revelaré para no estropear la sorpresa, pero antes que pudiera adivinar de qué se trataba, pensaba que era de toronja o de pomelo (¡no es lo mismo, pues!)

A pesar de que los platos eran perfectibles, la comida estuvo lo suficientemente buena para considerar por un momento otorgarle el máximo de cinco lenguas. Esa aspiración se desvaneció cuando ví que en mi cuenta (además de ser más alta que el cerro Alux) contenía un plato que no había ordenado. Le dije al mesero: no recuedo haberme comido este plato...por supuesto, corrigieron el error.

Ahh, lo perfecto es enemigo de lo bueno. Por eso, Tamarindos, sólo cuatro lenguas y media por esta vez :P :P :P :P p:

sábado, 31 de enero de 2009

Restaurante Los Ranchos

14 calle y 1ra avenida zona 10, a un costado del hotel Camino Real.

Un concepto estético un poco menos elaborado que otros steak houses para evocar un rancho vaquero, pero agradable y bien dispuesto. Con un balcón en el segundo piso desde donde se aprecian las infaltables camionetonas polarizadas de los comensales de lugares de carne asada.

Trasciende las cajoneras guarniciones de papa y mazorca usando gallo pinto y plátanos fritos. Otras guarniciones como vigorón, queso frito, yuca, le dan carácter y originalidad que distingue este lugar de otros lugares donde sirven carne asada. Lo dulce de los plátanos fritos y el frijol combinado con arroz son una fórmula caribeña muy acogedora, para mí mucho más interesante que la descuidada papa en papel de aluminio o el simplón elote hervido.

Los cortes de carne me parecen interesantes y más variados que los de la competencia. Tienen de esos platos llamados "samplers" con un bocado de varios platos. Ese toque realmente me persuade.

No sé si todavía sirven las mojarras enteras. Un día pedí una y aparte de tomar demasiado tiempo, no tenía evidencia de ningún cuidado especial, no más que harina y muuucho aceite, seguramente no estaba lo suficientemente fresca para prepararla de otra manera más que frita cual wantan en aceite requemado.

En general, una buena experiencia, con mejor variedad que su competencia (¡y a mayor precio también!). Calificación: Cuatro lenguas y media. :P :P :P :P :p

viernes, 30 de enero de 2009

Restaurante Tre Fratelli

Un restaurante con mucho atractivo para jóvenes. Cuenta con un menú variado, basado en comida italiana, por supuesto. Frecuento el que está en Condado Concepción en carretera a El Salvador.

La piña colada y el té frío son sobresalientes. Sus desayunos son también muy buenos. Los huevos benedictinos son los mejores que he probado. El pan con mantequilla y jalea que son de cortesía en el desayuno ejercen un encanto sobre mí. Aunque nada espectacular, la mantequilla comercial, y la jalea sin atribuciones extraterrestres (aunque probablemente hecha en casa), combinadas con el pan blanco ligeramente tostado me resultan en una experiencia deliciosa.

Tal vez será la textura del pan, combinado con la espesa dulzura de las fresas con sus pequeñas semillas que raspan con ligereza mi paladar, y el aroma lácteo de la mantequilla, que evocan el lugar seguro y cálido del seno materno...¡espero no haberme puesto muy freudiano con esto! El asunto es que los desayunos son ricos.

Los platos fuertes por alguna razón no me cautivan. El pan, aceite y queso de cortesía son un buen toque. La Bistecca Fiorentina me resultó totalmente deslucida, nada que ver con el T bone de 1lb que le sirven a uno en Florencia. El risotto es decente. Las ensaladas también, sobre todo la que tiene nueces caramelizadas, pero a mi juicio, hacer una buena ensalada no es ningún gran mérito.

El servicio es muy bueno, incluso tienen de esos aparatos electrónicos que permiten desde su mesa llamar al mesero, pedir la cuenta y otro par de opciones más que en este momento no recuerdo...pero ahora que lo pienso, ¿qué más se puede pedir?

He llegado a la conclusión de que Tre Fratelli no está concebido para que la protagonista sea la comida, sino la compañía. Con precios más accesibles que en otros lugares, un esfuerzo serio para variar el menú y ofrecer platos bajos en calorías, unos platos fuertes que no distraen mucho de una conversación animada, más los televisores de pantalla plana (inaceptable para un gourmet) dejan muy claro que el restaurante no es tanto sobre la comida, sino sobre la familia, los amigos y las parejas.

Por una combinación que resulta en un esfuerzo exitoso de agradar al cliente, pero sin éxito en hacer de la comida la protagonista de la velada, le otorgo la calificación de tres lenguas y media :P :P :P :p

jueves, 29 de enero de 2009

El Rincón de Alex Tapas Bar

Ubicado en la 8va avenida 14-95 zona 10. Tel 2363-1223 y fax 2363-0467

Reconozco que cometí un error. Pensé que como en otros restaurantes de tapas, me podía esperar que una elección más o menos al azar fuera la fórmula para una agradable sorpresa.

Por ello, como comensal escogiendo del menú Dim Sum, tomé la lista de tapas y sin informarme o pensar mucho en mi elección, escogí tres: una de pescado y dos de embutidos. Mi primera sorpresa fue la presentación. Cada una de las rebanadas de embutido tenía ensartado un palillo, lo que hubiera resultado muy útil si hubiera estado acompañado por cuatro personas más y una botella de venado. Pero como era yo solo en el restaurante, como turista perdido buscando qué comer, más que útil me resultó un recordatorio de nunca ir solo a un bar de tapas.

Del servicio no me puedo quejar. Total no había nadie compitiendo por atención.

El pescado estaba empanizado, tierno por dentro, muy agradable y acompañado de una salsa que me recordó a mi vecina: con algo de atractiva e interesante, pero en general una pesada.

En atención a la cantidad de manteca, los embutidos y el pescado que me sirvieron deberían tener una advertencia para no ser ingeridos por personas con problemas cardíacos. Si lo hacen con la vitapirena, lo deberían hacer con estas tapas también.

El gusto de los embutidos no estaba mal. Si no lo disfruté mucho fue en parte mi culpa: quién me manda a pedir comida de bolo.

Calificación: Tres lenguas :P :P :P