Ubicado en la 16 calle 4-68 zona 10, teléfono 23343702.
Este lugar tiene un encanto misterioso. Está ubicado en una casa de mediados del siglo XX cuya estética no termina de ser art deco, ni moderna, ni tradicional, pero resulta tan familiar que hace sentir al visitante inexplicablemente cómodo y confianzudo. Si usted quiere sentirse como en casa, creo que este lugar la va a gustar.
La casa está pintada de un amarillo limón, no muy apetitoso si me preguntan a mí. Pero una vez se traspasa el umbral de la entrada, lo agresivo de ese color se olvida para dar paso a una decoración modesta. Me sentí como entrando a la cocina de la casa de alguna gente rica en los años '60: potente iluminación natural; sillas torneadas, sencillas y comunes; manteles y cortinitas de cuadros y una mesa con antipastos como listos para ser pasados al comedor.
De allí en adelante, todo fue un shock de realidad (¿querías un restaurante casero? ¡pues aquí lo tienes!). Mi orden consistió en unos tortellini rellenos de salmón en salsa de aglio e olio, un carpaccio de lomito (según ellos) y una ensalada caprese. El postre fue un pastel de chiqueadores. Lo acompañé con una copa de vino blanco.
Los tortellini no estaban parejamente cocidos, unos más duros que otros, lo que no es necesariamente malo, pues para mí resulta en un plato más interesante. Lo malo fue el relleno, que no se sentía fresco. El pescado (cuando se sentía) no aportaba más que una nota de falta de frescura. También probé un tortellini con salsa de tres o cinco quesos (no me recuerdo el número exacto) pero no era más que una salsa de crema casera.
El vino me lo sirvieron en una de esas copas como las que teníamos en casa cuando yo era niño: las que algún tío tacaño regaló para alguna boda, de vidrio grueso y cuestionable buen gusto, con capacidad reducida con el objeto de servir algún jerez u otra bebida de la cual se toma poco por su concentración, sin espacio para sentir el buqué.
El carpaccio fue lo más interesante. Definitivamente no era de lomito, sino de algún jamón curado, embullido en aceite, con cebollín picado y (he aquí lo interesante) apio. La ensalada era más para reír que para degustar. No lo digo por el tamaño de la porción, que no estaba mal. Lo digo por que era tan casera pero tan casera, que ni siquiera se tomaron la molestia de usar tomate manzano (o jitomate) sino estaba hecha con el plebeyo tomate ciruelo.
El postre también era muy casero. Un pastel de chiqueadores, emborrachado con algún licor y relleno de chocolate. Casi tan bueno como los que hacía mi madrastra.
Al final la sentencia es clara: La Fattoría es el lugar insuperable de la comida casera, la decoración casera y el servicio casero. Para eso ¡mejor me quedo comiendo en mi casa! Calificación: dos lenguas y media :P :P :p
La Original Crítica Culinaria y Crítica de Restaurantes en Guatemala
domingo, 15 de marzo de 2009
miércoles, 11 de marzo de 2009
Restaurante Papazitos
Ubicado en Condado Concepción, Km. 15 carretera a El Salvador. Teléfono 6637-3601.
Fui a desayunar a Papazitos y fue un gusto. Hay varios restaurantes que mantienen a su clientela a base de queso (sobre todo cheddar y mozzarella) crema y mantequilla. Lo combinan con papas, chiles, arroz, en pizzas, hamburguesas, ensaladas, etc. Un poco de salsa barbacoa y ya con eso tienen para hacer todo el menú.
Papazitos es uno de esos lugares, pero con un giro más artesanal. Lo artesanal se ve hasta en el acabado de sus paredes que son cortezas de árbol y láminas de zinc.
Esa decoración de Bonanza mezclado con Pizza Grizzly (donde hacían las promociones de toda la pizza que pudiera comer por 1 centavo-con razón quebraron) lamentablemente encubre bancas que, como la que me tocó, ya están flojas y medio destartaladas. Pero como combinan con lo rústico del lugar, supongo que es parte del encanto.
Mi orden consistió en un mama's hashbrown quiche, una southwestern breakfast pizza y un banana foster french toast. Como ven, la carta es evocadora de la comida rápida. Tal vez Papazitos puede considerarse comida rápida (¡atendiendo a la técnica, pero no al tiempo para servir!), pero si lo es, será la cumbre, muy por encima de su competencia.
El quiche estaba bien hecho, con rica consistencia y adornado con cebollín picado. También tenía crema por encima, a manera de espiral, que parecía decirme: recuerda que esto no es más que Friday's pero cocinado con más paciencia. Con esto quiero decir que el uso de la crema a la hora de adornar la comida es casi una confesión de que se trata de comida rápida.
La pizza estaba muy buena. La masa no era demasiado gruesa ni demasiado delgada, y estaba en ese punto de cocimiento que la deja "chewy".
Lo mejor de la mañana fue el banana foster french toast. El concepto parecía inspirado en una torreja: un pan con un relleno atractivo, bañado en una espesa miel (por supuesto, convencional miel de maple y no miel de torreja - que se aromatiza con jengibre y pimienta). El toque maestro de los bananos sobre el pan me parecieron una muestra del esmero en hacer bien este postre.
Papazitos, el restaurante que se esfuerza exitosamente por hacer de la comida rápida una experiencia memorable, se merece tres lenguas :P :P :P
Fui a desayunar a Papazitos y fue un gusto. Hay varios restaurantes que mantienen a su clientela a base de queso (sobre todo cheddar y mozzarella) crema y mantequilla. Lo combinan con papas, chiles, arroz, en pizzas, hamburguesas, ensaladas, etc. Un poco de salsa barbacoa y ya con eso tienen para hacer todo el menú.
Papazitos es uno de esos lugares, pero con un giro más artesanal. Lo artesanal se ve hasta en el acabado de sus paredes que son cortezas de árbol y láminas de zinc.
Esa decoración de Bonanza mezclado con Pizza Grizzly (donde hacían las promociones de toda la pizza que pudiera comer por 1 centavo-con razón quebraron) lamentablemente encubre bancas que, como la que me tocó, ya están flojas y medio destartaladas. Pero como combinan con lo rústico del lugar, supongo que es parte del encanto.
Mi orden consistió en un mama's hashbrown quiche, una southwestern breakfast pizza y un banana foster french toast. Como ven, la carta es evocadora de la comida rápida. Tal vez Papazitos puede considerarse comida rápida (¡atendiendo a la técnica, pero no al tiempo para servir!), pero si lo es, será la cumbre, muy por encima de su competencia.
El quiche estaba bien hecho, con rica consistencia y adornado con cebollín picado. También tenía crema por encima, a manera de espiral, que parecía decirme: recuerda que esto no es más que Friday's pero cocinado con más paciencia. Con esto quiero decir que el uso de la crema a la hora de adornar la comida es casi una confesión de que se trata de comida rápida.
La pizza estaba muy buena. La masa no era demasiado gruesa ni demasiado delgada, y estaba en ese punto de cocimiento que la deja "chewy".
Lo mejor de la mañana fue el banana foster french toast. El concepto parecía inspirado en una torreja: un pan con un relleno atractivo, bañado en una espesa miel (por supuesto, convencional miel de maple y no miel de torreja - que se aromatiza con jengibre y pimienta). El toque maestro de los bananos sobre el pan me parecieron una muestra del esmero en hacer bien este postre.
Papazitos, el restaurante que se esfuerza exitosamente por hacer de la comida rápida una experiencia memorable, se merece tres lenguas :P :P :P
sábado, 7 de marzo de 2009
Restaurante Vista'l Campo
Ubicado en el Club de Golf San Isidro, zona 16
Soy un firme creyente en que los clubes que están abiertos mientras alumbra el sol son para niños y para sus escoltas (comúnmente llamados "padres") y los clubes que abren cuando está oscuro son para gente grande. A los niños se les da de comer hamburguesas y papas fritas con ketchup. Eso es lo único que deben saber cocinar en un club abierto de día: hamburguesas y papas fritas con ketchup. La total ausencia de oferta culinaria adicional debe ser cubierta por entretenimiento: piscinas, juegos mecánicos, resbaladeros gigantes, o en el caso de un club de golf, carritos eléctricos y un jardín grande y selectivamente perforado.
Entre mejor es el entretenimiento, peor es la comida. Cuando el entretenimiento es de la magnitud de un campo de golf (¡a donde van niños también!), ya podrá usted imaginarse... y a eso que usted se imagina, ¡agréguele un precio que combine con golf!
Al examinar la carta, queriendo neciamente falsear mi creencia sobre los clubes diurnos, traté de escoger el plato que sonara más original y a la vez lo suficientemente sencillo como para que supiera bien. Mi elección fue un lomito Zacapa, es decir, con una salsa agridulce hecha con ron Zacapa Centenario (uno de los mejores rones del mundo, hágame el favor de reconocer).
Una salsa hecha a base de Zacapa Centenario suena original, y el lomito es un trozo de carne de por sí suave y jugoso que requiere genio para echarle a perder. Parecía la opción perfecta.
Pasaron como 20 minutos y finalmente me sirvieron mi orden. Eran dos medallones de carne de res, tres trozos de perulero moldeado y un colochito de pimientos en vinagre. Valga decir que los pimientos fue lo mejor del plato. El perulero estaba duro y preparado pobremente, con algo de mantequilla y perejil. La misma base, supongo, con la que preparan tooodas las guarniciones de los platos de gente grande.
El lomito fue ¿cómo decirles? imagínense que, con los ojos cerrados, mientras mastica un bocado vienen a la mente las imágenes del dirigible Hindenburg atracando en New Jersey en 1937 y empieza a incendiarse y se puede oir la voz desesperada del locutor "this is terrible!... this is one of the worst catastrophes in the world...ohhh the humanity!" Dos enmudecidos pedazos de carne retorcida, dura, reseca, en un plato páramo lamentan junto con usted tan triste experiencia...(el Titanic hundiéndose y el estallido de Krakatoa también resultan cuadros apropiados).
¡Debí haber pedido una hamburguesa con papas y ketchup!
Una catástrofe total. Dos lenguas para Vista'l Campo :P :P
Soy un firme creyente en que los clubes que están abiertos mientras alumbra el sol son para niños y para sus escoltas (comúnmente llamados "padres") y los clubes que abren cuando está oscuro son para gente grande. A los niños se les da de comer hamburguesas y papas fritas con ketchup. Eso es lo único que deben saber cocinar en un club abierto de día: hamburguesas y papas fritas con ketchup. La total ausencia de oferta culinaria adicional debe ser cubierta por entretenimiento: piscinas, juegos mecánicos, resbaladeros gigantes, o en el caso de un club de golf, carritos eléctricos y un jardín grande y selectivamente perforado.
Entre mejor es el entretenimiento, peor es la comida. Cuando el entretenimiento es de la magnitud de un campo de golf (¡a donde van niños también!), ya podrá usted imaginarse... y a eso que usted se imagina, ¡agréguele un precio que combine con golf!
Al examinar la carta, queriendo neciamente falsear mi creencia sobre los clubes diurnos, traté de escoger el plato que sonara más original y a la vez lo suficientemente sencillo como para que supiera bien. Mi elección fue un lomito Zacapa, es decir, con una salsa agridulce hecha con ron Zacapa Centenario (uno de los mejores rones del mundo, hágame el favor de reconocer).
Una salsa hecha a base de Zacapa Centenario suena original, y el lomito es un trozo de carne de por sí suave y jugoso que requiere genio para echarle a perder. Parecía la opción perfecta.
Pasaron como 20 minutos y finalmente me sirvieron mi orden. Eran dos medallones de carne de res, tres trozos de perulero moldeado y un colochito de pimientos en vinagre. Valga decir que los pimientos fue lo mejor del plato. El perulero estaba duro y preparado pobremente, con algo de mantequilla y perejil. La misma base, supongo, con la que preparan tooodas las guarniciones de los platos de gente grande.
El lomito fue ¿cómo decirles? imagínense que, con los ojos cerrados, mientras mastica un bocado vienen a la mente las imágenes del dirigible Hindenburg atracando en New Jersey en 1937 y empieza a incendiarse y se puede oir la voz desesperada del locutor "this is terrible!... this is one of the worst catastrophes in the world...ohhh the humanity!" Dos enmudecidos pedazos de carne retorcida, dura, reseca, en un plato páramo lamentan junto con usted tan triste experiencia...(el Titanic hundiéndose y el estallido de Krakatoa también resultan cuadros apropiados).
¡Debí haber pedido una hamburguesa con papas y ketchup!
Una catástrofe total. Dos lenguas para Vista'l Campo :P :P
sábado, 28 de febrero de 2009
Restaurante Chez Fabrice
Ubicado en la 3a avenida 10-44 zona 10. Tel. 2331-7287, 2361-8296
Técnica, técnica, técnica. Es increíble la diferencia que hace una comida con una técnica sofisticada. La gastronomía francesa es la reina en este aspecto, y Chez Fabrice es un fiel testimonio de esto. Una decoración más bien sobria, yo diría que con una vocación más italiana que francesa, muy adecuada para centrarse en la comida.
Lo primero que hay que destacar es que el chef pasa por la mesa a conversar con los comensales y qué mejor que el propio chef como fuente de información para recomendar un plato.
El menú no contiene sección de bebidas, por lo que después me sentí con derecho a caerme de la silla cuando me cobraron Q60 por una piña colada. Pero eso era lo que necesitaba para dejar de pedir cocteles para acompañar la comida: un escarmiento como este. No lo vuelvo a hacer.
Volviendo a lo que sí hay en el menú, aunque ya había ordenado una entrada de terrine de pato, el chef anunció que tenía en especial uno de venado. Aun fue oportuno para cambiar mi orden, algo de lo que estoy muy satisfecho.
El chef confesó, probablemente sin darse cuenta, que el terrine que se describe "de pato" en el menú era de cerdo. ¡Pero el menú dice de pato! le inquirí "si es una mezcla de cerdo y pato". Lo dijo con toda la candidez del caso.
De cortesía me sirvieron un paté de pollo muy delicioso, con una cubierta de gelatina y complejos aromas, donde pude reconocer a penas el romero. Hasta ahora, el mejor bocadillo de cortesía que he probado.
Me llevaron la entrada de terrine (lo llamaron paté) de venado y fue todo un festival para los sentidos. Los colores, las texturas, los aromas y los sabores, perfectamente combinados. Sólo al ponerlo sobre la mesa me sentí con ganas de que me llevaran un mariachi para celebrar este plato. El terrine era una rodaja de tonos terracota, con ciruelas, molleja de ternera y dos tipos de hígado, con una capa de gelatina en un borde. Un tipo de hígado se suponía que era de venado y el otro no lo descifré sino hasta que me lo explicó el chef. Pero aunque hubiera sido del mismo que concinaba Hannibal Lecter (I ate his liver, with some fava beans and a nice Chianti! fbldd, fbldd, fbldd!) lo hubiera disfrutado igual. Esta excepcional comida estaba complementada por encurtidos, cebollas caramelizadas y un crostini con queso parmesano, untado en un extremo con mostaza dijon. Una total exquisitez.
La otra entrada que probé fue un croustillant de pasta phylo con queso brie, peras, y otras delicadezas. Era una especie de croissant, pero en forma cilíndrica, con una pasta crujiente, dorada, escamosa y con un fuerte gusto a mantequilla. Sobresaliente.
Los platos fuertes estuvieron muy buenos también, aunque no tan despampanantes como las entradas. El primero que probé fue un medallón de lechón, acompañado de ratatouille y papa gratinada. El medallón estaba muy bien compuesto, con una tira de piel tostada y el resto de carne jugosa y suave. Estaba acompañado de una salsa morena de la que no puedo decir nada malo pero tampoco nada destacado. El ratatuoille me sorprendió muchísimo, pues a parte de tener una aromatización de hierbas que no podía descifrar (el laurel fue lo único que identifiqué, además del obvio tomillo fresco que lo adornaba) cada una de las verduras que componían el guiso estaba cocinada en un punto singular. El güicoy y el zucchini estaban crocantes, mientras que los pimientos estaban suaves y sedosos. El plato quedaba complementado con una papa gratinada, muy bien presentada pero sosa en comparación con el resto de la comida.
El otro plato fuerte era una "pechuga" de pollo en salsa supreme con torta de papa y espárragos. Escribo "pechuga" por que eso era lo que decía el menú, pero NO era una pechuga. Era algo mucho más interesante. Eran unos medallones de una especie de mousse de pollo. Algo así como el Semmelwurst que se come al sur de Alemania: unas rodajas blancas, esponjosas y muy sabrosas. Estaban bañadas en una salsa blanca con perejil colocho que le llaman. El acompañamiento eran unos espárragos y ejotes crujientes y dos panqueques de papa.
El chef regresó a la mesa a preguntar sobre la comida, lo que aproveché para interrogarlo sobre el segundo tipo de hígado del terrine que acompañaba al hígado de venado. El segundo tipo de hígado, me dijo, era de pollo. La técnica de las "pechugas", me explicó, era una especie de mousse dentro de pechugas prensadas y cocinadas al vapor. De las especies del ratatouille, me dijo, eran hierbas de Provenza que incluyen salvia, romero, laurel, y otras que sólo los expertos y los botánicos podrían nombrar. Poco a poco los enigmas de la noche se iban resolviendo.
El chef recomendó el postre especial consistente en un soufflé de biscocho italiano con grand marnier. Un postre muy interesante y nada empalagoso, aunque aún conservaba un olor a clara de huevo que debía estar mejor disimulado.
¿Por qué no darle cinco lenguas a chez Fabrize? Puedo pensar en el menú que no describía con completa exactitud los ingredientes de los platos, pero eso lo corrigió el mismísimo chef en mi presencia. También puedo pensar en el razor ribbon que no resultaba una decoración acogedora en lo alto de la pared que da a la calle, pero total, en Guatemala el razor ribbon es tan típico como el pan de manteca.
Las complicaciones del parqueo y el ruidoso bar de la calle de enfrente no le son imputables a este lugar que vale mucho la pena, aunque mi próxima visita preferiré hacerla a la hora del almuerzo.
En conclusión, por una técnica impecable, un servicio a la altura y vianda exquisita, cerca de lo perfecto, le otorgo a Chez Fabrice el máximo de cinco lenguas: :P :P :P :P :P
Técnica, técnica, técnica. Es increíble la diferencia que hace una comida con una técnica sofisticada. La gastronomía francesa es la reina en este aspecto, y Chez Fabrice es un fiel testimonio de esto. Una decoración más bien sobria, yo diría que con una vocación más italiana que francesa, muy adecuada para centrarse en la comida.
Lo primero que hay que destacar es que el chef pasa por la mesa a conversar con los comensales y qué mejor que el propio chef como fuente de información para recomendar un plato.
El menú no contiene sección de bebidas, por lo que después me sentí con derecho a caerme de la silla cuando me cobraron Q60 por una piña colada. Pero eso era lo que necesitaba para dejar de pedir cocteles para acompañar la comida: un escarmiento como este. No lo vuelvo a hacer.
Volviendo a lo que sí hay en el menú, aunque ya había ordenado una entrada de terrine de pato, el chef anunció que tenía en especial uno de venado. Aun fue oportuno para cambiar mi orden, algo de lo que estoy muy satisfecho.
El chef confesó, probablemente sin darse cuenta, que el terrine que se describe "de pato" en el menú era de cerdo. ¡Pero el menú dice de pato! le inquirí "si es una mezcla de cerdo y pato". Lo dijo con toda la candidez del caso.
De cortesía me sirvieron un paté de pollo muy delicioso, con una cubierta de gelatina y complejos aromas, donde pude reconocer a penas el romero. Hasta ahora, el mejor bocadillo de cortesía que he probado.
Me llevaron la entrada de terrine (lo llamaron paté) de venado y fue todo un festival para los sentidos. Los colores, las texturas, los aromas y los sabores, perfectamente combinados. Sólo al ponerlo sobre la mesa me sentí con ganas de que me llevaran un mariachi para celebrar este plato. El terrine era una rodaja de tonos terracota, con ciruelas, molleja de ternera y dos tipos de hígado, con una capa de gelatina en un borde. Un tipo de hígado se suponía que era de venado y el otro no lo descifré sino hasta que me lo explicó el chef. Pero aunque hubiera sido del mismo que concinaba Hannibal Lecter (I ate his liver, with some fava beans and a nice Chianti! fbldd, fbldd, fbldd!) lo hubiera disfrutado igual. Esta excepcional comida estaba complementada por encurtidos, cebollas caramelizadas y un crostini con queso parmesano, untado en un extremo con mostaza dijon. Una total exquisitez.
La otra entrada que probé fue un croustillant de pasta phylo con queso brie, peras, y otras delicadezas. Era una especie de croissant, pero en forma cilíndrica, con una pasta crujiente, dorada, escamosa y con un fuerte gusto a mantequilla. Sobresaliente.
Los platos fuertes estuvieron muy buenos también, aunque no tan despampanantes como las entradas. El primero que probé fue un medallón de lechón, acompañado de ratatouille y papa gratinada. El medallón estaba muy bien compuesto, con una tira de piel tostada y el resto de carne jugosa y suave. Estaba acompañado de una salsa morena de la que no puedo decir nada malo pero tampoco nada destacado. El ratatuoille me sorprendió muchísimo, pues a parte de tener una aromatización de hierbas que no podía descifrar (el laurel fue lo único que identifiqué, además del obvio tomillo fresco que lo adornaba) cada una de las verduras que componían el guiso estaba cocinada en un punto singular. El güicoy y el zucchini estaban crocantes, mientras que los pimientos estaban suaves y sedosos. El plato quedaba complementado con una papa gratinada, muy bien presentada pero sosa en comparación con el resto de la comida.
El otro plato fuerte era una "pechuga" de pollo en salsa supreme con torta de papa y espárragos. Escribo "pechuga" por que eso era lo que decía el menú, pero NO era una pechuga. Era algo mucho más interesante. Eran unos medallones de una especie de mousse de pollo. Algo así como el Semmelwurst que se come al sur de Alemania: unas rodajas blancas, esponjosas y muy sabrosas. Estaban bañadas en una salsa blanca con perejil colocho que le llaman. El acompañamiento eran unos espárragos y ejotes crujientes y dos panqueques de papa.
El chef regresó a la mesa a preguntar sobre la comida, lo que aproveché para interrogarlo sobre el segundo tipo de hígado del terrine que acompañaba al hígado de venado. El segundo tipo de hígado, me dijo, era de pollo. La técnica de las "pechugas", me explicó, era una especie de mousse dentro de pechugas prensadas y cocinadas al vapor. De las especies del ratatouille, me dijo, eran hierbas de Provenza que incluyen salvia, romero, laurel, y otras que sólo los expertos y los botánicos podrían nombrar. Poco a poco los enigmas de la noche se iban resolviendo.
El chef recomendó el postre especial consistente en un soufflé de biscocho italiano con grand marnier. Un postre muy interesante y nada empalagoso, aunque aún conservaba un olor a clara de huevo que debía estar mejor disimulado.
¿Por qué no darle cinco lenguas a chez Fabrize? Puedo pensar en el menú que no describía con completa exactitud los ingredientes de los platos, pero eso lo corrigió el mismísimo chef en mi presencia. También puedo pensar en el razor ribbon que no resultaba una decoración acogedora en lo alto de la pared que da a la calle, pero total, en Guatemala el razor ribbon es tan típico como el pan de manteca.
Las complicaciones del parqueo y el ruidoso bar de la calle de enfrente no le son imputables a este lugar que vale mucho la pena, aunque mi próxima visita preferiré hacerla a la hora del almuerzo.
En conclusión, por una técnica impecable, un servicio a la altura y vianda exquisita, cerca de lo perfecto, le otorgo a Chez Fabrice el máximo de cinco lenguas: :P :P :P :P :P
jueves, 26 de febrero de 2009
Lai Lai Dim Sum
Se sirve el Dim Sum, o Yam Cha en cantonés, en el local ubicado en la 12 calle 5-27 z 9. Tel. 23316507, 23344988
A manera de brunch fui una vez más a Lai Lai a degustar los bocadillos de Yam Cha. Como he indicado en la entrada anterior sobre este lugar, el ambiente no es lo que motiva a visitarlo.
En mi más reciente visita probé 12 bocadillos. Son baratos y ricos, por lo que es una fantástica opción para brunch.
Probé tres bocadillos deslucidos: la tela de arroz con char siu, con carne que me pareció recalentada; las albóndigas de res que las sentí insípidas y las tartaletas de huevo, cuyo hojaldre encontré reseco y sin frescura.
Seis bocadillos estuvieron a la altura: el primero fue el ja gao, (aquí llamado ja kaw) que son canastitas de tela de arroz al vapor rellenas de camarón, en una base de una rodaja de zanahoria. Es una tela semi transparente, que permite apreciar con integridad el relleno a la vez que complementa dicho relleno con el aroma y consistencias neutras del arroz. El segundo fue el siu mai, bocadillos de carne de cerdo en una tela un poco más gruesa y gelatinosa, de color aceituna.
El tercer bocadillo que estuvo bien fue el de castaña de agua con elote. Con una consistencia semi cristalizada y un poco gelatinosa a la vez, tiene un sabor dulce muy discreto y una consistencia muy agradable. El cuarto fueron las bolitas de ajonjolí. Fritas en mucho aceite, estas bolitas son crujientes y aromáticas por fuera y dulces y chiclosas por dentro. Un deleite con ese aroma tan distintivo de ajonjolí.
El quinto bocadillo agradable fue la tela de arroz rellena de pescado. Esta tela es más gruesa que la del ja kaw, un tanto elástica, combina maravillosamente con la salsa soya y un relleno fresco. El pescado se sentía mejor que el relleno de char siu anteriormente mencionado.
El sexto bocadillo fue el bollo con manjar. Un panito muy curioso, blanco como masita antes de convertirse en tortilla, pero elástico y casi espumoso como turrón. Estaba relleno con una especie de pasta pastelera más bien ordinaria.
Tres bocadillos me resultaron sobresalientes. El primero es el char siu pau, que es el mismo panito del bollo con manjar, pero relleno con la carne agridulce char siu. El bollo blanco se abre como una flor, a manera de los besitos, panes de manteca populares hace unos veinte años. En su centro partido en cruz se pone char siu con una salsa obscura cuya intensidad de sabor contrasta con el neutro esponjoso del bollo. Este char siu me pareció más fresco que el anterior.
El segundo fue el bocadillo de malanga. Dulce composición de tubérculo y probablemente gelatina, frito en mucho aceite, que viene muy bien para reemplazar sin ningún complejo de inferioridad a un panqueque o una tostada a la francesa.
El último bocadillo sobresaliente fue la panza de res. Las tiras de panza son asociadas con comida de bolo, pero este injusto estereotipo se rompe con este platillo. Las tiras se sazonan con una agresiva salsa pimientosa y aromática. La panza, que es elástica, dura y esponjosa a la vez, se beneficia mucho de ese toque provocador e intrigante que da la salsa. No es fácil identificar los aromas de la salsa, pero me aventuraría a decir que tiene anís de estrella y tal vez frijol de soya amarillo.
Siempre una experiencia interesante, tres lenguas y media para el Dim Sum (Yam Cha) de Lai Lai :P :P :P :p
A manera de brunch fui una vez más a Lai Lai a degustar los bocadillos de Yam Cha. Como he indicado en la entrada anterior sobre este lugar, el ambiente no es lo que motiva a visitarlo.
En mi más reciente visita probé 12 bocadillos. Son baratos y ricos, por lo que es una fantástica opción para brunch.
Probé tres bocadillos deslucidos: la tela de arroz con char siu, con carne que me pareció recalentada; las albóndigas de res que las sentí insípidas y las tartaletas de huevo, cuyo hojaldre encontré reseco y sin frescura.
Seis bocadillos estuvieron a la altura: el primero fue el ja gao, (aquí llamado ja kaw) que son canastitas de tela de arroz al vapor rellenas de camarón, en una base de una rodaja de zanahoria. Es una tela semi transparente, que permite apreciar con integridad el relleno a la vez que complementa dicho relleno con el aroma y consistencias neutras del arroz. El segundo fue el siu mai, bocadillos de carne de cerdo en una tela un poco más gruesa y gelatinosa, de color aceituna.
El tercer bocadillo que estuvo bien fue el de castaña de agua con elote. Con una consistencia semi cristalizada y un poco gelatinosa a la vez, tiene un sabor dulce muy discreto y una consistencia muy agradable. El cuarto fueron las bolitas de ajonjolí. Fritas en mucho aceite, estas bolitas son crujientes y aromáticas por fuera y dulces y chiclosas por dentro. Un deleite con ese aroma tan distintivo de ajonjolí.
El quinto bocadillo agradable fue la tela de arroz rellena de pescado. Esta tela es más gruesa que la del ja kaw, un tanto elástica, combina maravillosamente con la salsa soya y un relleno fresco. El pescado se sentía mejor que el relleno de char siu anteriormente mencionado.
El sexto bocadillo fue el bollo con manjar. Un panito muy curioso, blanco como masita antes de convertirse en tortilla, pero elástico y casi espumoso como turrón. Estaba relleno con una especie de pasta pastelera más bien ordinaria.
Tres bocadillos me resultaron sobresalientes. El primero es el char siu pau, que es el mismo panito del bollo con manjar, pero relleno con la carne agridulce char siu. El bollo blanco se abre como una flor, a manera de los besitos, panes de manteca populares hace unos veinte años. En su centro partido en cruz se pone char siu con una salsa obscura cuya intensidad de sabor contrasta con el neutro esponjoso del bollo. Este char siu me pareció más fresco que el anterior.
El segundo fue el bocadillo de malanga. Dulce composición de tubérculo y probablemente gelatina, frito en mucho aceite, que viene muy bien para reemplazar sin ningún complejo de inferioridad a un panqueque o una tostada a la francesa.
El último bocadillo sobresaliente fue la panza de res. Las tiras de panza son asociadas con comida de bolo, pero este injusto estereotipo se rompe con este platillo. Las tiras se sazonan con una agresiva salsa pimientosa y aromática. La panza, que es elástica, dura y esponjosa a la vez, se beneficia mucho de ese toque provocador e intrigante que da la salsa. No es fácil identificar los aromas de la salsa, pero me aventuraría a decir que tiene anís de estrella y tal vez frijol de soya amarillo.
Siempre una experiencia interesante, tres lenguas y media para el Dim Sum (Yam Cha) de Lai Lai :P :P :P :p
martes, 17 de febrero de 2009
Calificación - la escala de las lenguas
Una pequeña nota sobre la escala de las lenguas: Por medio de esta escala califico los restaurantes que he visitado. Verán que algunas reseñas se refieren a una experiencia difusa en el restaurante del que se trata, apreciada a través de varias y distintas visitas. Otras se refieren a una experiencia específica, con referencia a un conjunto determinado de platos que consumí durante esa visita. Sobre la base de mi experiencia personal entonces, procedo a calificar los restaurantes en la escala que explico a continuación:
Cinco lenguas :P :P :P :P :P
Potencial significativo para una feliz experiencia. Excelente servicio, buen ambiente y comida destacada por su frescura, autenticidad, sabor y genio.
Cuatro lenguas :P :P :P :P
Potencial para una experiencia satisfactoria. Bajo potencial para decepción. Buen servicio y comida rica.
Tres lenguas :P :P :P
Potencial para decepción y a la vez potencial para una experiencia satisfactoria. Servicio regular o bueno. Comida en general buena.
Dos lenguas :P :P
Alto potencial para decepción. Poco potencial para una experiencia positiva. Servicio regular y comida regular.
Una lengua :P
Mala comida o mal servicio. Potencial para que algún engaño, error inexcusable o mala fe resulte en arruinar hasta la mejor comida o servicio.
Cinco lenguas :P :P :P :P :P
Potencial significativo para una feliz experiencia. Excelente servicio, buen ambiente y comida destacada por su frescura, autenticidad, sabor y genio.
Cuatro lenguas :P :P :P :P
Potencial para una experiencia satisfactoria. Bajo potencial para decepción. Buen servicio y comida rica.
Tres lenguas :P :P :P
Potencial para decepción y a la vez potencial para una experiencia satisfactoria. Servicio regular o bueno. Comida en general buena.
Dos lenguas :P :P
Alto potencial para decepción. Poco potencial para una experiencia positiva. Servicio regular y comida regular.
Una lengua :P
Mala comida o mal servicio. Potencial para que algún engaño, error inexcusable o mala fe resulte en arruinar hasta la mejor comida o servicio.
lunes, 16 de febrero de 2009
Restaurante Del Toros
Ubicado en la 14 calle 5-08 zona 10.
Es extraño que en un lugar tan codiciado comercialmente se encuentre un restaurante tan modestamente concebido. Nada qué destacar sobre su ambiente, tal vez inspirado en cantinas donde se va a gastar el tiempo que no se desea pasar en casa y la comida es sólo un acompañamiento para lo central que es la libación.
Fui a dar allí por que la langosta estaba de oferta. Probé una a la parrilla y una a la plancha con mantequilla.
La primera no estaba muy fresca, y la segunda estaba mejor, pero tampoco era para morirse. La acompañé de una ensalada mixta. Cualquiera podría hacer en su casa una ensalada mejor que esa. Al menos los ingredientes estaban frescos.
Una experiencia totalmente cotidiana, a Del Toros le daré dos lenguas :P :P
Es extraño que en un lugar tan codiciado comercialmente se encuentre un restaurante tan modestamente concebido. Nada qué destacar sobre su ambiente, tal vez inspirado en cantinas donde se va a gastar el tiempo que no se desea pasar en casa y la comida es sólo un acompañamiento para lo central que es la libación.
Fui a dar allí por que la langosta estaba de oferta. Probé una a la parrilla y una a la plancha con mantequilla.
La primera no estaba muy fresca, y la segunda estaba mejor, pero tampoco era para morirse. La acompañé de una ensalada mixta. Cualquiera podría hacer en su casa una ensalada mejor que esa. Al menos los ingredientes estaban frescos.
Una experiencia totalmente cotidiana, a Del Toros le daré dos lenguas :P :P
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