¿Los Beatles, los Rolling Stones o Led Zeppelin? ¿Sócrates, Platón o Aristóteles? ¿Paulino's, Katok o El Rincón Suizo? El debate de quién es el más grandioso de todos es tan apasionado como inagotable. Bueno, en realidad no es para tanto, pero hay que reconocer que estos tres restaurantes se disputan con mucha competitividad los clientes que pasan por Tecpán, punto intermedio entre Quetzaltenango y la ciudad capital, seduciéndolos con sus fachadas rústicas, sus embutidos ahumados, y la constelación de ventas de frutas y artesanías que orbitan a su alrededor.
Los datos de los restaurantes son los siguientes:
Katok: ubicado en el Km 87.5 Carretera Interamericana. Teléfono 78403384
Rincón Suizo: ubicado en el Km 94 Carretera Interamericana. Teléfonos 55544360, 59839091
Kapé Paulino's: ubicado en el Km. 87.5 Carretera Interamericana. Teléfono 78403806
La Original Crítica Culinaria y Crítica de Restaurantes en Guatemala
domingo, 23 de enero de 2011
Restaurante Kapé Paulino's
Ubicado en el Km. 87.5 Carretera Interamericana. Teléfono 78403806
En Kapé Paulinos pedí una porción de pierna de cerdo con salsa morena. “¿La salsa es hecha con harina?” le pregunté al mesero “No, es hecha con puras verduras” me respondió. Bueno, pondremos a prueba la susodicha salsa, pensé. De tomar pedí un excelente chocolate servido en batidor de barro ¡Inigualable! Tal vez un poco dulce, pero la sensación porosa y áspera del barro, por la que fluye el chocolate aromático y envolvente, realzado por el clima frío de Tecpán, resulta en una experiencia casi mística.
Me llevaron mi porción de pierna, acompañada de cebollines y una bastante ordinaria ensalada de lechuga y tomate ciruelo. Exprimí el jugo de un limón sobre mi ensalada (¡ay, mire que carísimo está el limón!), y al comerla justo me ardió la herida que en un labio me había hecho unos días antes, comiendo un lap cheong al mismo tiempo que bajaba unas gradas, combinación de actividades sumamente peligrosas que pagué caro.
Ataqué la pierna, que estaba jugosa y bañada en una salsa morena sorprendentemente compleja, honesta y ligera, un éxito total. El mesero tenía razón, la salsa era de verdaderos jugos y aromas naturales, sin aditamentos ni falsificaciones. Una comida muy convincente rodeada de la atmósfera más bien ruidosa y ajetreada del restaurante, de muebles incómodos, al rededor de los que corren niños, comensales entran y salen, antes de largos viajes hacia sus destinos, y la música de marimba orquesta parece darle aún más sabor a los platillos ¡Cuatro lenguas para Kapé Paulino's! :P :P :P :P
En Kapé Paulinos pedí una porción de pierna de cerdo con salsa morena. “¿La salsa es hecha con harina?” le pregunté al mesero “No, es hecha con puras verduras” me respondió. Bueno, pondremos a prueba la susodicha salsa, pensé. De tomar pedí un excelente chocolate servido en batidor de barro ¡Inigualable! Tal vez un poco dulce, pero la sensación porosa y áspera del barro, por la que fluye el chocolate aromático y envolvente, realzado por el clima frío de Tecpán, resulta en una experiencia casi mística.
Me llevaron mi porción de pierna, acompañada de cebollines y una bastante ordinaria ensalada de lechuga y tomate ciruelo. Exprimí el jugo de un limón sobre mi ensalada (¡ay, mire que carísimo está el limón!), y al comerla justo me ardió la herida que en un labio me había hecho unos días antes, comiendo un lap cheong al mismo tiempo que bajaba unas gradas, combinación de actividades sumamente peligrosas que pagué caro.
Ataqué la pierna, que estaba jugosa y bañada en una salsa morena sorprendentemente compleja, honesta y ligera, un éxito total. El mesero tenía razón, la salsa era de verdaderos jugos y aromas naturales, sin aditamentos ni falsificaciones. Una comida muy convincente rodeada de la atmósfera más bien ruidosa y ajetreada del restaurante, de muebles incómodos, al rededor de los que corren niños, comensales entran y salen, antes de largos viajes hacia sus destinos, y la música de marimba orquesta parece darle aún más sabor a los platillos ¡Cuatro lenguas para Kapé Paulino's! :P :P :P :P
Restaurante Katok
Katok: ubicado en el Km 87.5 Carretera Interamericana. Teléfono 78403384
Katok es un restaurante de larga tradición. La leyenda extraurbana cuenta que Katok se levantó de las cenizas de la guerra civil para tener tanto éxito (no es que no lo haya tenido antes) que de sus entrañas brotó Kapé Paulino's, para hacerle una magnífica competencia.
El ranchón de Katok es evocador y silencioso, o por lo menos así lo percibí cuando me senté a la mesa y tomé conciencia del tema de “el Fantasma de la Ópera” que en versión de música ligera iba a morir a esos muebles de troncos pulidos, casi petrificados, que son los comedores.
Unos soberbios jamones ahumados cuelgan sobre el ruidoso enfriador del tiempo de Ubico, que almacena otros embutidos que hicieron célebre a este restaurante.
Al ver que el menú incluía pierna con salsa morena, hice mi tradicional pregunta sobre si la salsa morena estaba hecha con harina, a lo que el mesero respondió un sincero “sí”, por lo que me decidí por una porción de costilla, la cuál pedí acompañada de frijoles en lugar de papa.
Para esperar el platillo me sirvieron una sopa de cebolla...o de espárragos, ¡ya no me recuerdo! Lo que sí recuerdo es que era de sobre, un mal augurio. El mesero me llevó mi costilla con un acompañamiento de chirmolito en un recipiente separado, algún vegetal y, lo que más me llamó la atención: una minúscula porción de frijoles volteados. La costilla tenía una superficie como granulada, por lo que pregunté al mesero si le habían puesto harina. Después de una diligente investigación, el mesero regresó para indicarme que era el “sazonador” o un término similar, dando a entender que para sazonar la costilla le ponían una combinación de ingredientes que resultaban en esa superficie como de granitos diminutos.
Pues los granitos diminutos sobre el delgado corte de la costilla no resultaron en una propuesta que me convenciera. También probé unas longanizas ahumadas, que tenían mucho más carácter y riqueza que mis poco jugosas costillas. Esto, combinado con la sopa que me supo sintética y la escasez de los frijoles, me inducen a darle a Katok no más de dos lenguas y media :P :P :p
Katok es un restaurante de larga tradición. La leyenda extraurbana cuenta que Katok se levantó de las cenizas de la guerra civil para tener tanto éxito (no es que no lo haya tenido antes) que de sus entrañas brotó Kapé Paulino's, para hacerle una magnífica competencia.
El ranchón de Katok es evocador y silencioso, o por lo menos así lo percibí cuando me senté a la mesa y tomé conciencia del tema de “el Fantasma de la Ópera” que en versión de música ligera iba a morir a esos muebles de troncos pulidos, casi petrificados, que son los comedores.
Unos soberbios jamones ahumados cuelgan sobre el ruidoso enfriador del tiempo de Ubico, que almacena otros embutidos que hicieron célebre a este restaurante.
Al ver que el menú incluía pierna con salsa morena, hice mi tradicional pregunta sobre si la salsa morena estaba hecha con harina, a lo que el mesero respondió un sincero “sí”, por lo que me decidí por una porción de costilla, la cuál pedí acompañada de frijoles en lugar de papa.
Para esperar el platillo me sirvieron una sopa de cebolla...o de espárragos, ¡ya no me recuerdo! Lo que sí recuerdo es que era de sobre, un mal augurio. El mesero me llevó mi costilla con un acompañamiento de chirmolito en un recipiente separado, algún vegetal y, lo que más me llamó la atención: una minúscula porción de frijoles volteados. La costilla tenía una superficie como granulada, por lo que pregunté al mesero si le habían puesto harina. Después de una diligente investigación, el mesero regresó para indicarme que era el “sazonador” o un término similar, dando a entender que para sazonar la costilla le ponían una combinación de ingredientes que resultaban en esa superficie como de granitos diminutos.
Pues los granitos diminutos sobre el delgado corte de la costilla no resultaron en una propuesta que me convenciera. También probé unas longanizas ahumadas, que tenían mucho más carácter y riqueza que mis poco jugosas costillas. Esto, combinado con la sopa que me supo sintética y la escasez de los frijoles, me inducen a darle a Katok no más de dos lenguas y media :P :P :p
Restaurante El Rincón Suizo
Ubicado en el Km 94 Carretera Interamericana. Teléfonos 55544360, 59839091
El Rincón Suizo es una cabañona que se alza sobre una ladera donde los pinos y las niebla se juntan con frecuencia para recibir a los comensales que buscan comida caliente y reconfortante. Con un enorme local y un menú de igual tamaño, no tuvimos problema en acomodar los gustos y espacios de cinco personas que comimos y bebimos por menos de Q400.
Nuestras órdenes incluyeron porciones de costilla en barbacoa, asado de lomito, jamón ahumado, lomo adobado, y yo que pedí una ¡QUESOBURGUESA! Resulta que unas horas antes me había comido unos chicharrones y morcilla de San Felipe. El Blutwurst vienés, la morcilla con mejorana húngara, y la morcilla argentina palidecen ante la magnífica combinación de aromas y texturas de la morcilla de San Felipe, un verdadero lujo que me debería dar por lo menos una vez al mes. Debido a la bendita morcilla, al pasar al Rincón Suizo no tenía mucha hambre. Sabía que si pedía una porción de costilla o embutidos ahumados, no iba a poder evitar terminarla, con indigestas consecuencias. Por lo tanto pedí una quesoburguesa, que bien sabía que no terminaría, pero que podía envolver para llevar y darle fin más tarde.
Con esa lógica fue que me di a la tarea de “picar” como decimos aquí, de los platos de mis acompañantes. Lo que más me impresionó fue el lomito asado. La frescura de la carne, el punto de cocimiento término medio, pero sobre todo el extraordinario aroma ahumado, me dejaron muy impresionado, preguntándome que fórmula de carbón se puede encontrar en esa parte del país para que resulte tan singular.
Además del lomito, debo mencionar la soberbia costilla. Un corte grueso, jugoso y tierno bañado con una salsa barbacoa franca y orgánica. El jamón y el adobado destacaban por sus aromas especiados y curtidos. Todos estos mordiscos los complementé con el chocolate en batidor de barro, menos dulce y más espeso que otros, definitivamente insuperable.
Mi quesoburguesa, al final de cuentas no tuvo nada de extraordinario, aunque estaba acompañada de papas fritas muy bien logradas, algo difícil de encontrar en áreas rurales. El punto final de esta maravillosa experiencia fue un sorbo de jugo natural de moras, con un perfecto control de acidez y dulzura.
El videoconcierto de Selena que estaban pasando en las pantallas planas del lugar, el lujoso baño del ala poniente, y la frísima agua del lavamanos dan al Rincón Suizo un carácter de serio desenfado, donde el servicio es de excelente calidad, y la comida es un festín. De no ser por mi deslucida hamburguesa, probablemente le hubiera dado la calificación máxima. Calificación: cuatro lenguas y media :P :P :P :P :p
El Rincón Suizo es una cabañona que se alza sobre una ladera donde los pinos y las niebla se juntan con frecuencia para recibir a los comensales que buscan comida caliente y reconfortante. Con un enorme local y un menú de igual tamaño, no tuvimos problema en acomodar los gustos y espacios de cinco personas que comimos y bebimos por menos de Q400.
Nuestras órdenes incluyeron porciones de costilla en barbacoa, asado de lomito, jamón ahumado, lomo adobado, y yo que pedí una ¡QUESOBURGUESA! Resulta que unas horas antes me había comido unos chicharrones y morcilla de San Felipe. El Blutwurst vienés, la morcilla con mejorana húngara, y la morcilla argentina palidecen ante la magnífica combinación de aromas y texturas de la morcilla de San Felipe, un verdadero lujo que me debería dar por lo menos una vez al mes. Debido a la bendita morcilla, al pasar al Rincón Suizo no tenía mucha hambre. Sabía que si pedía una porción de costilla o embutidos ahumados, no iba a poder evitar terminarla, con indigestas consecuencias. Por lo tanto pedí una quesoburguesa, que bien sabía que no terminaría, pero que podía envolver para llevar y darle fin más tarde.
Con esa lógica fue que me di a la tarea de “picar” como decimos aquí, de los platos de mis acompañantes. Lo que más me impresionó fue el lomito asado. La frescura de la carne, el punto de cocimiento término medio, pero sobre todo el extraordinario aroma ahumado, me dejaron muy impresionado, preguntándome que fórmula de carbón se puede encontrar en esa parte del país para que resulte tan singular.
Además del lomito, debo mencionar la soberbia costilla. Un corte grueso, jugoso y tierno bañado con una salsa barbacoa franca y orgánica. El jamón y el adobado destacaban por sus aromas especiados y curtidos. Todos estos mordiscos los complementé con el chocolate en batidor de barro, menos dulce y más espeso que otros, definitivamente insuperable.
Mi quesoburguesa, al final de cuentas no tuvo nada de extraordinario, aunque estaba acompañada de papas fritas muy bien logradas, algo difícil de encontrar en áreas rurales. El punto final de esta maravillosa experiencia fue un sorbo de jugo natural de moras, con un perfecto control de acidez y dulzura.
El videoconcierto de Selena que estaban pasando en las pantallas planas del lugar, el lujoso baño del ala poniente, y la frísima agua del lavamanos dan al Rincón Suizo un carácter de serio desenfado, donde el servicio es de excelente calidad, y la comida es un festín. De no ser por mi deslucida hamburguesa, probablemente le hubiera dado la calificación máxima. Calificación: cuatro lenguas y media :P :P :P :P :p
domingo, 3 de octubre de 2010
Restaurante La Pista
Ubicado en el cruce a Muxbal, antigua carretera a El Salvador. Teléfono 66420127.
En algún momento de mi juventud me agarró por visitar constantemente la Chasa Tao en la 6 avenida de la zona 10. Por supuesto, había un grupo de gente, tal vez todavía la hay, que se hacía presente siempre. Recuerdo un personaje en particular que todas las noches cantaba la misma canción: "Es por ti" de Cómplices. Y esto viene al cuento por que la Pista, a pesar de un nombre poco evocador, produjo en mí un efecto emocional; un retornar a mis veintes, rodeado de troncos de árbol, luces tenues, y atmósfera con vocación bohemia.
Claro, todo eso está en mi cabeza. En la realidad, la Pista sí tiene un local rústico, con el encantadoramente frío aire de las montañas, que en estos tiempos se derrumban un día sí y un día no. Y la concurrencia juvenil imprime optimismo y camaradería al ambiente, pero es menos bohemio que la Chasa, es decir, bastante más convencional. Lo que pude percibir desde mi llegada fue la diligencia de los meseros en dar un servicio eficiente y puntual, que valga decir, se fue diluyendo conforme fueron llegando más comensales.
El menú me pareció una interesante propuesta de influencias orientales, a las que sucumbí ordenando de entrada un tartare de atún. Me causó una muy buena impresión. Con una salsa oscura netamente oriental, picadillo de cebollines, algo de jengibre si no recuerdo mal, y un atún que se sentía fresco y firme. Me dejó con muchas expectativas sobre mi plato fuerte.
Mi plato fuerte fue un filete de robalo a la plancha en salsa de coco con arroz basmati. Cuando llegó mi plato tuve la sensación de haberme equivocado de elección. Pregunté al mesero: "no pensé que el arroz iba a estar frito" "la verdad, lo debieron haberlo hecho al vapor", me contestó. Adicionalmente, el pescado tenía una evidente costra de harina, que en el proceso de freírlo se endureció creando una consistencia poco atractiva. La salsa era aromática e interesante, pero no lo suficiente para darle realce a los demás elementos del platillo. Tal vez el tartare me indujo a tener expectativas demasiado altas.
De postre pedí un mousse de toblerone. Y aquí creo que el que me falló fue mi espíritu. Con un aspecto sólido, obscuro y frío, esperaba que el chocolate me provocara la sensación de bienestar, efecto característico de la serotonina. Pero no sucedió así. El postre estaba agradable y convincente, pero yo me sentía como el adicto que ya no encuentra satisfacción en la dosis convencional de su droga, y ya no siente el mismo efecto. O como Bart, cuando vende su alma a Milhouse, y pierde la capacidad de disfrutar de sus travesuras.
Me dijeron que los jueves hay música en vivo: canto y acordeón, me parece. "Se llena" me dijeron, "si viene sería bueno que hiciera reservación". Y ciertamente tengo intención de regresar, más ahora, que los vientos se están poniendo más fríos, pretexto perfecto para acercarse al fogarón del jardín de La Pista. Calificación, tres lenguas y media :P :P :P :p
En algún momento de mi juventud me agarró por visitar constantemente la Chasa Tao en la 6 avenida de la zona 10. Por supuesto, había un grupo de gente, tal vez todavía la hay, que se hacía presente siempre. Recuerdo un personaje en particular que todas las noches cantaba la misma canción: "Es por ti" de Cómplices. Y esto viene al cuento por que la Pista, a pesar de un nombre poco evocador, produjo en mí un efecto emocional; un retornar a mis veintes, rodeado de troncos de árbol, luces tenues, y atmósfera con vocación bohemia.
Claro, todo eso está en mi cabeza. En la realidad, la Pista sí tiene un local rústico, con el encantadoramente frío aire de las montañas, que en estos tiempos se derrumban un día sí y un día no. Y la concurrencia juvenil imprime optimismo y camaradería al ambiente, pero es menos bohemio que la Chasa, es decir, bastante más convencional. Lo que pude percibir desde mi llegada fue la diligencia de los meseros en dar un servicio eficiente y puntual, que valga decir, se fue diluyendo conforme fueron llegando más comensales.
El menú me pareció una interesante propuesta de influencias orientales, a las que sucumbí ordenando de entrada un tartare de atún. Me causó una muy buena impresión. Con una salsa oscura netamente oriental, picadillo de cebollines, algo de jengibre si no recuerdo mal, y un atún que se sentía fresco y firme. Me dejó con muchas expectativas sobre mi plato fuerte.
Mi plato fuerte fue un filete de robalo a la plancha en salsa de coco con arroz basmati. Cuando llegó mi plato tuve la sensación de haberme equivocado de elección. Pregunté al mesero: "no pensé que el arroz iba a estar frito" "la verdad, lo debieron haberlo hecho al vapor", me contestó. Adicionalmente, el pescado tenía una evidente costra de harina, que en el proceso de freírlo se endureció creando una consistencia poco atractiva. La salsa era aromática e interesante, pero no lo suficiente para darle realce a los demás elementos del platillo. Tal vez el tartare me indujo a tener expectativas demasiado altas.
De postre pedí un mousse de toblerone. Y aquí creo que el que me falló fue mi espíritu. Con un aspecto sólido, obscuro y frío, esperaba que el chocolate me provocara la sensación de bienestar, efecto característico de la serotonina. Pero no sucedió así. El postre estaba agradable y convincente, pero yo me sentía como el adicto que ya no encuentra satisfacción en la dosis convencional de su droga, y ya no siente el mismo efecto. O como Bart, cuando vende su alma a Milhouse, y pierde la capacidad de disfrutar de sus travesuras.
Me dijeron que los jueves hay música en vivo: canto y acordeón, me parece. "Se llena" me dijeron, "si viene sería bueno que hiciera reservación". Y ciertamente tengo intención de regresar, más ahora, que los vientos se están poniendo más fríos, pretexto perfecto para acercarse al fogarón del jardín de La Pista. Calificación, tres lenguas y media :P :P :P :p
domingo, 26 de septiembre de 2010
Restaurante Papazitos
Ubicado en el Km 15 Carretera a El Salvador, Centro de Conveniencia Condado Concepción, local 1-B Santa Catarina Pinula.
Con una decoración rústica, evocadora de bosques fríos amigables a los fuegos de leña, fiambres ahumados y bebidas calientes, Papazitos ofrece una selección de platillos reconfortantes y de carga calórica para alimentar a un leñador, como hamburguesas extra grandes, pizzas de variado carácter, y mucha salsa barbacoa.
Tienen una entrada nueva consistente en un picadillo de tomates frescos, tomates secos, albahaca y unos granitos de maíz, acompañados de pan con un justo toque de queso parmesano, bautizada como "Mamma's Tomato Bruschetta", que fue mi elección para iniciar mi almuerzo en una de estas tardes lluviosas, acompañada de un té negro. Con su encanto engañosamente ligero, de tomates frescos contrastados con la interesante textura de los secos al sol, esta entrada me dejó con la conciencia tranquila para pedir algo de mucho más carácter como plato fuerte.
Y así fue: me dirigí a la sección del menú donde están las combinaciones de carne a la barbacoa. Las combinaciones están bautizadas de acuerdo con las carnes que las componen: "moo" es res ahuamda, "oink" son costillas de cerdo ahumadas y "cluck" es pollo ahumado. Yo me decidí por una combinación "oink moo" en salsa de tequila con chipotle.
Me llevaron una soberbia tabla con las distintas carnes ahumadas, guarnecidas con ensalada de repollo y dos recipientes metálicos aún calientes con frijoles colorados en una salsa deliciosamente ahumada también. Tomé un trozo de carne, que al partir resultó demasiado blanca, por lo que pensé "de veras que el cerdo es la 'otra' carne blanca"...pero resulta que era ¡pechuga de pollo! Jugosa, sin grasa y suave, me dejó una impresión muy buena, pero ¡yo no había pedido "cluck"! Después ataqué las delgadas rodajas de "moo", cuya esbeltez no sólo daba una vistosidad especial al plato, sino también aportaba un feliz contraste con la sólida pieza de pollo. Por último, me dirigí a las costillas, "baby back ribs" según el menú. Mi cuchillo resbaló sobre la superficie de las costillas "ha de ser el mero hueso" pensé. Busqué otro ángulo, y seguía estando muy duro, presioné entonces y pude partir la violineta de costillas que estaban bastante menos suaves y frescas de lo que me hubiera imaginado. La salsa de tequila y chipotle, sutil, agria y ligeramente picante, permitía dar una armonía a todas las carnes, resultando en una experiencia más bien positiva.
Un poco decepcionado, sin embargo, decidí preguntarle al mesero: "señor ¿qué carne es esta?" señalando al pollo, "es pollo, señor", "pero yo le pedí un 'oink moo', y usted me trajo un 'oink cluck moo'... esto no fue lo que pedí", "es que ese plato es así, trae pollo, si quiere le enseño el menú", "está bien tráigame el menú"...ya un poco impaciente le mostré al mesero "mire, aquí dice 'oink moo' eso fue lo que le pedí", "sí pero todos traen pollo" me contestó. Agotado mi ánimo de hacerla del Dr. Doolittle conversando con uno de sus cuadrúpedos amigos, desistí de mi reclamo con la ilusa expectativa de que, efectivamente el "cluck" viniera incluido en el precio del "oink moo".
Finalizado mi "oink ¿cluck? moo" pregunté por los postres. Me llamó la atención el "signature key lime pie" por lo que ordené uno de esos acompañado de un espresso. El pie tenía la seducción superficial de la leche condensada, con un toque de amargo cítrico, maternal aroma lácteo y una base de muy buena consistencia que ofrecía la resistencia al diente, lo suficientemente denso para hacer un perfecto acompañamiento de la mezcla del pie. Acompañado del concentrado espresso, fue mi postre una aceptable manera de terminar el almuerzo, aunque el valor del pie me pareció un tanto inferior a su precio.
Pedí entonces la cuenta: me estaban cobrando un "oink cluck moo" considerablemente más caro que el "oink moo", y no sólo eso, sino que ¡el precio de la factura era aún más alto que el del menú! "¡Qué amargo desenlace de esta guerra de onomatopeyas!" pensé. "Ya vio" le dije al mesero "sí", replicó "es que... lo que pasa es que hay problemas con la máquina, y éste es el verdadero precio...bla bla bla" Dejé de escuchar, pues esta cólera, combinada con repollo, frijoles y carnes ahumadas, me estaba dando suficiente propulsión para volar por los aires en cualquier momento y llegar en 23 minutos hasta Teculután.
Pagué la cuenta y salí no muy feliz de Papazitos, un restaurante que tiene muchos platillos bien logrados, pero que esta vez, por su fallido servicio, no me inspira más de dos lenguas :P :P
Con una decoración rústica, evocadora de bosques fríos amigables a los fuegos de leña, fiambres ahumados y bebidas calientes, Papazitos ofrece una selección de platillos reconfortantes y de carga calórica para alimentar a un leñador, como hamburguesas extra grandes, pizzas de variado carácter, y mucha salsa barbacoa.
Tienen una entrada nueva consistente en un picadillo de tomates frescos, tomates secos, albahaca y unos granitos de maíz, acompañados de pan con un justo toque de queso parmesano, bautizada como "Mamma's Tomato Bruschetta", que fue mi elección para iniciar mi almuerzo en una de estas tardes lluviosas, acompañada de un té negro. Con su encanto engañosamente ligero, de tomates frescos contrastados con la interesante textura de los secos al sol, esta entrada me dejó con la conciencia tranquila para pedir algo de mucho más carácter como plato fuerte.
Y así fue: me dirigí a la sección del menú donde están las combinaciones de carne a la barbacoa. Las combinaciones están bautizadas de acuerdo con las carnes que las componen: "moo" es res ahuamda, "oink" son costillas de cerdo ahumadas y "cluck" es pollo ahumado. Yo me decidí por una combinación "oink moo" en salsa de tequila con chipotle.
Me llevaron una soberbia tabla con las distintas carnes ahumadas, guarnecidas con ensalada de repollo y dos recipientes metálicos aún calientes con frijoles colorados en una salsa deliciosamente ahumada también. Tomé un trozo de carne, que al partir resultó demasiado blanca, por lo que pensé "de veras que el cerdo es la 'otra' carne blanca"...pero resulta que era ¡pechuga de pollo! Jugosa, sin grasa y suave, me dejó una impresión muy buena, pero ¡yo no había pedido "cluck"! Después ataqué las delgadas rodajas de "moo", cuya esbeltez no sólo daba una vistosidad especial al plato, sino también aportaba un feliz contraste con la sólida pieza de pollo. Por último, me dirigí a las costillas, "baby back ribs" según el menú. Mi cuchillo resbaló sobre la superficie de las costillas "ha de ser el mero hueso" pensé. Busqué otro ángulo, y seguía estando muy duro, presioné entonces y pude partir la violineta de costillas que estaban bastante menos suaves y frescas de lo que me hubiera imaginado. La salsa de tequila y chipotle, sutil, agria y ligeramente picante, permitía dar una armonía a todas las carnes, resultando en una experiencia más bien positiva.
Un poco decepcionado, sin embargo, decidí preguntarle al mesero: "señor ¿qué carne es esta?" señalando al pollo, "es pollo, señor", "pero yo le pedí un 'oink moo', y usted me trajo un 'oink cluck moo'... esto no fue lo que pedí", "es que ese plato es así, trae pollo, si quiere le enseño el menú", "está bien tráigame el menú"...ya un poco impaciente le mostré al mesero "mire, aquí dice 'oink moo' eso fue lo que le pedí", "sí pero todos traen pollo" me contestó. Agotado mi ánimo de hacerla del Dr. Doolittle conversando con uno de sus cuadrúpedos amigos, desistí de mi reclamo con la ilusa expectativa de que, efectivamente el "cluck" viniera incluido en el precio del "oink moo".
Finalizado mi "oink ¿cluck? moo" pregunté por los postres. Me llamó la atención el "signature key lime pie" por lo que ordené uno de esos acompañado de un espresso. El pie tenía la seducción superficial de la leche condensada, con un toque de amargo cítrico, maternal aroma lácteo y una base de muy buena consistencia que ofrecía la resistencia al diente, lo suficientemente denso para hacer un perfecto acompañamiento de la mezcla del pie. Acompañado del concentrado espresso, fue mi postre una aceptable manera de terminar el almuerzo, aunque el valor del pie me pareció un tanto inferior a su precio.
Pedí entonces la cuenta: me estaban cobrando un "oink cluck moo" considerablemente más caro que el "oink moo", y no sólo eso, sino que ¡el precio de la factura era aún más alto que el del menú! "¡Qué amargo desenlace de esta guerra de onomatopeyas!" pensé. "Ya vio" le dije al mesero "sí", replicó "es que... lo que pasa es que hay problemas con la máquina, y éste es el verdadero precio...bla bla bla" Dejé de escuchar, pues esta cólera, combinada con repollo, frijoles y carnes ahumadas, me estaba dando suficiente propulsión para volar por los aires en cualquier momento y llegar en 23 minutos hasta Teculután.
Pagué la cuenta y salí no muy feliz de Papazitos, un restaurante que tiene muchos platillos bien logrados, pero que esta vez, por su fallido servicio, no me inspira más de dos lenguas :P :P
domingo, 29 de agosto de 2010
Restaurante Enoteca Toscana
Ubicado en la 20 calle, 12-84 zona 10, Plaza Ferco. Teléfono 23680026 y 52034255
Entre los locales de la Plaza Ferco se encuentra una puertecilla que introduce a unas gradas sobrias y elegantes que llevan a este restaurante de sobresaliente buen gusto. Un vocero de una embajada, un ex representante de una cuestionada organización internacional, un señor que se parecía a Valeri Gérgiev, y yo, cada quien en su respectiva mesa, constituíamos la constelación de celebridades menores que buscábamos saciarnos con el refinado menú de L'Enoteca Toscana.
Al sentarme, el mesero diligente me llevó una bebida de cortesía. Una composición cítrica de interesante amargor, con mucho hielo, con efecto inmediato para contrarrestar el calor del medio día. Un momento después vino el bocadillo de cortesía: tomates deshidratados, ¡excelentes! con eso y la bebida me hubiera dado por satisfecho, pero como todos me iban a ver feo si me levantaba en ese momento, pues pasé a examinar el menú.
Observé en la carta que había dos platillos con foie gras, y pregunté a la mesera cuál me recomendaba. "Sólo hay uno", me dijo. Le mostré que eran dos, una entrada y un plato fuerte. "Ahh, si, pues el plato fuerte trae más foie gras, la entrada [por el contrario] es pequeña"; "pero los dos cuestan lo mismo, mejor pido la entrada, ¿no?", reparé. La chica cayó en cuenta: ambos platillos tenían el mismo elevado precio, pero uno bien podría tener significativamente menos foie gras que el otro. Creo que en ese momento los dos pensamos ¡touché!
Mi pensamiento empezó a discurrir: ahh, si me como el plato grande de foie gras, no voy a poder probar la pasta, pero no debería comer pasta, por aquello de los triglicéridos, pero se ve que aquí la pasta es algo que hay que probar... en fin, en esa fracción de segundo llegué a la conclusión de que debía pedir la entrada de foie gras y un plato fuerte de pasta. Así lo ordené, no sin antes escuchar la larga e interesante exposición de todas las variantes de pasta disponibles ese día. La cocina semiexpuesta del restaurante presenta orgullosamente la fresquísima pasta, por lo que ignorarla hubiera sido una falta de respeto.
Me decidí entonces por la entrada de foie gras con uvas caramelizadas y un plato fuerte de tagliolini con salsa de trufas negras. Me llevaron el foie gras, que consistía en un cautivador conito que tenía de base la parte de grasa amarilla, coronada con el hígado, reposando sobre una reducción de vinagre balsámico en la que estaban bañadas las uvas verdes, sin piel y sin semillas. Breve, pero muy delicioso. Con esa consistencia que se derrite en la boca, liberando un aroma delicado, combinado con el vinagre y las uvas, fue una maravilla, pero como expliqué arriba, parece sobrevaluado. Tal vez la mejor manera de confirmar si efectivamente lo es, sea regresar y pedir el foie gras como plato fuerte.
Me ofrecieron un vino tinto, que era único que estaban sirviendo en copa, y al verlo sólo pensé: esto será más saludable que cualquier otra cosa..."está bien, sírvame una copa".
Me llevaron mis tagliolini (tallarines, que le llaman). Tal vez la mejor pasta que he probado; aunque los fideos no son mi debilidad, esta composición tenía un excelente queso, una salsa cremosa pero más bien ligera de trufas negras, y una consistencia simplemente perfecta. Cuando consumí todo el queso de la superficie, sin embargo, se le fue un poco el encanto. No sé si habrá sido el vino, (al final de cuentas, ¡el vino sólo pido por que es cardioprotector!), pero lo cierto es que el maridaje no me resultó bien: ya sin el queso, me pareció que el vino acentuó las notas menos atractivas de la salsa de trufas.
A todo esto, los distintos meseros y el chef no escatimaron en preguntarme repetidamente si me gustaba la comida y si deseaba algo más. Se podía percibir en el ambiente el auténtico esfuerzo por agradar a los comensales.
Mi postre consistió en un mousse de chocolate a la naranja. Con un precio que duplica el de otros lugares, el mousse también es significativamente más grande y con una presentación más impresionante. Sobre un plato plano se deposita una esfera de chocolate, tal vez más grande que una bola de billar, en la que se insertan dos galletas muy finas y una rodaja de naranja cristalizada, y a manera de agujero negro, a su alrededor parecen orbitar las ralladuras de cáscara de naranja en un dulce jarabe. Suficiente para dos personas, no pude terminarme la esfera, que no tenía un chocolate tan aguerrido como el que más me seduce, pero estaba bastante bien.
Sin duda L'Enoteca Toscana es un lugar que me puede sacar las cinco lenguas, pero mientras salgo de dudas sobre los platos de foie gras y aprendo a elegir mejor los vinos, ¿será mucha penalización darle cuatro lenguas y media? :P :P :P :P :p
Suscribirse a:
Entradas (Atom)