domingo, 23 de enero de 2011

Restaurante El Rincón Suizo

Ubicado en el Km 94 Carretera Interamericana. Teléfonos 55544360, 59839091

El Rincón Suizo es una cabañona que se alza sobre una ladera donde los pinos y las niebla se juntan con frecuencia para recibir a los comensales que buscan comida caliente y reconfortante. Con un enorme local y un menú de igual tamaño, no tuvimos problema en acomodar los gustos y espacios de cinco personas que comimos y bebimos por menos de Q400.

Nuestras órdenes incluyeron porciones de costilla en barbacoa, asado de lomito, jamón ahumado, lomo adobado, y yo que pedí una ¡QUESOBURGUESA! Resulta que unas horas antes me había comido unos chicharrones y morcilla de San Felipe. El Blutwurst vienés, la morcilla con mejorana húngara, y la morcilla argentina palidecen ante la magnífica combinación de aromas y texturas de la morcilla de San Felipe, un verdadero lujo que me debería dar por lo menos una vez al mes. Debido a la bendita morcilla, al pasar al Rincón Suizo no tenía mucha hambre. Sabía que si pedía una porción de costilla o embutidos ahumados, no iba a poder evitar terminarla, con indigestas consecuencias. Por lo tanto pedí una quesoburguesa, que bien sabía que no terminaría, pero que podía envolver para llevar y darle fin más tarde.

Con esa lógica fue que me di a la tarea de “picar” como decimos aquí, de los platos de mis acompañantes. Lo que más me impresionó fue el lomito asado. La frescura de la carne, el punto de cocimiento término medio, pero sobre todo el extraordinario aroma ahumado, me dejaron muy impresionado, preguntándome que fórmula de carbón se puede encontrar en esa parte del país para que resulte tan singular.

Además del lomito, debo mencionar la soberbia costilla. Un corte grueso, jugoso y tierno bañado con una salsa barbacoa franca y orgánica. El jamón y el adobado destacaban por sus aromas especiados y curtidos. Todos estos mordiscos los complementé con el chocolate en batidor de barro, menos dulce y más espeso que otros, definitivamente insuperable.

Mi quesoburguesa, al final de cuentas no tuvo nada de extraordinario, aunque estaba acompañada de papas fritas muy bien logradas, algo difícil de encontrar en áreas rurales. El punto final de esta maravillosa experiencia fue un sorbo de jugo natural de moras, con un perfecto control de acidez y dulzura.

El videoconcierto de Selena que estaban pasando en las pantallas planas del lugar, el lujoso baño del ala poniente, y la frísima agua del lavamanos dan al Rincón Suizo un carácter de serio desenfado, donde el servicio es de excelente calidad, y la comida es un festín. De no ser por mi deslucida hamburguesa, probablemente le hubiera dado la calificación máxima. Calificación: cuatro lenguas y media :P :P :P :P :p

domingo, 3 de octubre de 2010

Restaurante La Pista

Ubicado en el cruce a Muxbal, antigua carretera a El Salvador. Teléfono 66420127.

En algún momento de mi juventud me agarró por visitar constantemente la Chasa Tao en la 6 avenida de la zona 10. Por supuesto, había un grupo de gente, tal vez todavía la hay, que se hacía presente siempre. Recuerdo un personaje en particular que todas las noches cantaba la misma canción: "Es por ti" de Cómplices. Y esto viene al cuento por que la Pista, a pesar de un nombre poco evocador, produjo en mí un efecto emocional; un retornar a mis veintes, rodeado de troncos de árbol, luces tenues, y atmósfera con vocación bohemia.

Claro, todo eso está en mi cabeza. En la realidad, la Pista sí tiene un local rústico, con el encantadoramente frío aire de las montañas, que en estos tiempos se derrumban un día sí y un día no. Y la concurrencia juvenil imprime optimismo y camaradería al ambiente, pero es menos bohemio que la Chasa, es decir, bastante más convencional. Lo que pude percibir desde mi llegada fue la diligencia de los meseros en dar un servicio eficiente y puntual, que valga decir, se fue diluyendo conforme fueron llegando más comensales.

El menú me pareció una interesante propuesta de influencias orientales, a las que sucumbí ordenando de entrada un tartare de atún. Me causó una muy buena impresión. Con una salsa oscura netamente oriental, picadillo de cebollines, algo de jengibre si no recuerdo mal, y un atún que se sentía fresco y firme. Me dejó con muchas expectativas sobre mi plato fuerte.

Mi plato fuerte fue un filete de robalo a la plancha en salsa de coco con arroz basmati. Cuando llegó mi plato tuve la sensación de haberme equivocado de elección. Pregunté al mesero: "no pensé que el arroz iba a estar frito" "la verdad, lo debieron haberlo hecho al vapor", me contestó. Adicionalmente, el pescado tenía una evidente costra de harina, que en el proceso de freírlo se endureció creando una consistencia poco atractiva. La salsa era aromática e interesante, pero no lo suficiente para darle realce a los demás elementos del platillo. Tal vez el tartare me indujo a tener expectativas demasiado altas.

De postre pedí un mousse de toblerone. Y aquí creo que el que me falló fue mi espíritu. Con un aspecto sólido, obscuro y frío, esperaba que el chocolate me provocara la sensación de bienestar, efecto característico de la serotonina. Pero no sucedió así. El postre estaba agradable y convincente, pero yo me sentía como el adicto que ya no encuentra satisfacción en la dosis convencional de su droga, y ya no siente el mismo efecto. O como Bart, cuando vende su alma a Milhouse, y pierde la capacidad de disfrutar de sus travesuras.

Me dijeron que los jueves hay música en vivo: canto y acordeón, me parece. "Se llena" me dijeron, "si viene sería bueno que hiciera reservación". Y ciertamente tengo intención de regresar, más ahora, que los vientos se están poniendo más fríos, pretexto perfecto para acercarse al fogarón del jardín de La Pista. Calificación, tres lenguas y media :P :P :P :p

domingo, 26 de septiembre de 2010

Restaurante Papazitos

Ubicado en el Km 15 Carretera a El Salvador, Centro de Conveniencia Condado Concepción, local 1-B Santa Catarina Pinula.

Con una decoración rústica, evocadora de bosques fríos amigables a los fuegos de leña, fiambres ahumados y bebidas calientes, Papazitos ofrece una selección de platillos reconfortantes y de carga calórica para alimentar a un leñador, como hamburguesas extra grandes, pizzas de variado carácter, y mucha salsa barbacoa.

Tienen una entrada nueva consistente en un picadillo de tomates frescos, tomates secos, albahaca y unos granitos de maíz, acompañados de pan con un justo toque de queso parmesano, bautizada como "Mamma's Tomato Bruschetta", que fue mi elección para iniciar mi almuerzo en una de estas tardes lluviosas, acompañada de un té negro. Con su encanto engañosamente ligero, de tomates frescos contrastados con la interesante textura de los secos al sol, esta entrada me dejó con la conciencia tranquila para pedir algo de mucho más carácter como plato fuerte.

Y así fue: me dirigí a la sección del menú donde están las combinaciones de carne a la barbacoa. Las combinaciones están bautizadas de acuerdo con las carnes que las componen: "moo" es res ahuamda, "oink" son costillas de cerdo ahumadas y "cluck" es pollo ahumado. Yo me decidí por una combinación "oink moo" en salsa de tequila con chipotle.

Me llevaron una soberbia tabla con las distintas carnes ahumadas, guarnecidas con ensalada de repollo y dos recipientes metálicos aún calientes con frijoles colorados en una salsa deliciosamente ahumada también. Tomé un trozo de carne, que al partir resultó demasiado blanca, por lo que pensé "de veras que el cerdo es la 'otra' carne blanca"...pero resulta que era ¡pechuga de pollo! Jugosa, sin grasa y suave, me dejó una impresión muy buena, pero ¡yo no había pedido "cluck"! Después ataqué las delgadas rodajas de "moo", cuya esbeltez no sólo daba una vistosidad especial al plato, sino también aportaba un feliz contraste con la sólida pieza de pollo. Por último, me dirigí a las costillas, "baby back ribs" según el menú. Mi cuchillo resbaló sobre la superficie de las costillas "ha de ser el mero hueso" pensé. Busqué otro ángulo, y seguía estando muy duro, presioné entonces y pude partir la violineta de costillas que estaban bastante menos suaves y frescas de lo que me hubiera imaginado. La salsa de tequila y chipotle, sutil, agria y ligeramente picante, permitía dar una armonía a todas las carnes, resultando en una experiencia más bien positiva.

Un poco decepcionado, sin embargo, decidí preguntarle al mesero: "señor ¿qué carne es esta?" señalando al pollo, "es pollo, señor", "pero yo le pedí un 'oink moo', y usted me trajo un 'oink cluck moo'... esto no fue lo que pedí", "es que ese plato es así, trae pollo, si quiere le enseño el menú", "está bien tráigame el menú"...ya un poco impaciente le mostré al mesero "mire, aquí dice 'oink moo' eso fue lo que le pedí", "sí pero todos traen pollo" me contestó. Agotado mi ánimo de hacerla del Dr. Doolittle conversando con uno de sus cuadrúpedos amigos, desistí de mi reclamo con la ilusa expectativa de que, efectivamente el "cluck" viniera incluido en el precio del "oink moo".

Finalizado mi "oink ¿cluck? moo" pregunté por los postres. Me llamó la atención el "signature key lime pie" por lo que ordené uno de esos acompañado de un espresso. El pie tenía la seducción superficial de la leche condensada, con un toque de amargo cítrico, maternal aroma lácteo y una base de muy buena consistencia que ofrecía la resistencia al diente, lo suficientemente denso para hacer un perfecto acompañamiento de la mezcla del pie. Acompañado del concentrado espresso, fue mi postre una aceptable manera de terminar el almuerzo, aunque el valor del pie me pareció un tanto inferior a su precio.

Pedí entonces la cuenta: me estaban cobrando un "oink cluck moo" considerablemente más caro que el "oink moo", y no sólo eso, sino que ¡el precio de la factura era aún más alto que el del menú! "¡Qué amargo desenlace de esta guerra de onomatopeyas!" pensé. "Ya vio" le dije al mesero "sí", replicó "es que... lo que pasa es que hay problemas con la máquina, y éste es el verdadero precio...bla bla bla" Dejé de escuchar, pues esta cólera, combinada con repollo, frijoles y carnes ahumadas, me estaba dando suficiente propulsión para volar por los aires en cualquier momento y llegar en 23 minutos hasta Teculután.

Pagué la cuenta y salí no muy feliz de Papazitos, un restaurante que tiene muchos platillos bien logrados, pero que esta vez, por su fallido servicio, no me inspira más de dos lenguas :P :P

domingo, 29 de agosto de 2010

Restaurante Enoteca Toscana

Ubicado en la 20 calle, 12-84 zona 10, Plaza Ferco. Teléfono 23680026 y 52034255

Entre los locales de la Plaza Ferco se encuentra una puertecilla que introduce a unas gradas sobrias y elegantes que llevan a este restaurante de sobresaliente buen gusto. Un vocero de una embajada, un ex representante de una cuestionada organización internacional, un señor que se parecía a Valeri Gérgiev, y yo, cada quien en su respectiva mesa, constituíamos la constelación de celebridades menores que buscábamos saciarnos con el refinado menú de L'Enoteca Toscana.

Al sentarme, el mesero diligente me llevó una bebida de cortesía. Una composición cítrica de interesante amargor, con mucho hielo, con efecto inmediato para contrarrestar el calor del medio día. Un momento después vino el bocadillo de cortesía: tomates deshidratados, ¡excelentes! con eso y la bebida me hubiera dado por satisfecho, pero como todos me iban a ver feo si me levantaba en ese momento, pues pasé a examinar el menú.

Observé en la carta que había dos platillos con foie gras, y pregunté a la mesera cuál me recomendaba. "Sólo hay uno", me dijo. Le mostré que eran dos, una entrada y un plato fuerte. "Ahh, si, pues el plato fuerte trae más foie gras, la entrada [por el contrario] es pequeña"; "pero los dos cuestan lo mismo, mejor pido la entrada, ¿no?", reparé. La chica cayó en cuenta: ambos platillos tenían el mismo elevado precio, pero uno bien podría tener significativamente menos foie gras que el otro. Creo que en ese momento los dos pensamos ¡touché!

Mi pensamiento empezó a discurrir: ahh, si me como el plato grande de foie gras, no voy a poder probar la pasta, pero no debería comer pasta, por aquello de los triglicéridos, pero se ve que aquí la pasta es algo que hay que probar... en fin, en esa fracción de segundo llegué a la conclusión de que debía pedir la entrada de foie gras y un plato fuerte de pasta. Así lo ordené, no sin antes escuchar la larga e interesante exposición de todas las variantes de pasta disponibles ese día. La cocina semiexpuesta del restaurante presenta orgullosamente la fresquísima pasta, por lo que ignorarla hubiera sido una falta de respeto.

Me decidí entonces por la entrada de foie gras con uvas caramelizadas y un plato fuerte de tagliolini con salsa de trufas negras. Me llevaron el foie gras, que consistía en un cautivador conito que tenía de base la parte de grasa amarilla, coronada con el hígado, reposando sobre una reducción de vinagre balsámico en la que estaban bañadas las uvas verdes, sin piel y sin semillas. Breve, pero muy delicioso. Con esa consistencia que se derrite en la boca, liberando un aroma delicado, combinado con el vinagre y las uvas, fue una maravilla, pero como expliqué arriba, parece sobrevaluado. Tal vez la mejor manera de confirmar si efectivamente lo es, sea regresar y pedir el foie gras como plato fuerte.

Me ofrecieron un vino tinto, que era único que estaban sirviendo en copa, y al verlo sólo pensé: esto será más saludable que cualquier otra cosa..."está bien, sírvame una copa".

Me llevaron mis tagliolini (tallarines, que le llaman). Tal vez la mejor pasta que he probado; aunque los fideos no son mi debilidad, esta composición tenía un excelente queso, una salsa cremosa pero más bien ligera de trufas negras, y una consistencia simplemente perfecta. Cuando consumí todo el queso de la superficie, sin embargo, se le fue un poco el encanto. No sé si habrá sido el vino, (al final de cuentas, ¡el vino sólo pido por que es cardioprotector!), pero lo cierto es que el maridaje no me resultó bien: ya sin el queso, me pareció que el vino acentuó las notas menos atractivas de la salsa de trufas.

A todo esto, los distintos meseros y el chef no escatimaron en preguntarme repetidamente si me gustaba la comida y si deseaba algo más. Se podía percibir en el ambiente el auténtico esfuerzo por agradar a los comensales.

Mi postre consistió en un mousse de chocolate a la naranja. Con un precio que duplica el de otros lugares, el mousse también es significativamente más grande y con una presentación más impresionante. Sobre un plato plano se deposita una esfera de chocolate, tal vez más grande que una bola de billar, en la que se insertan dos galletas muy finas y una rodaja de naranja cristalizada, y a manera de agujero negro, a su alrededor parecen orbitar las ralladuras de cáscara de naranja en un dulce jarabe. Suficiente para dos personas, no pude terminarme la esfera, que no tenía un chocolate tan aguerrido como el que más me seduce, pero estaba bastante bien.

Sin duda L'Enoteca Toscana es un lugar que me puede sacar las cinco lenguas, pero mientras salgo de dudas sobre los platos de foie gras y aprendo a elegir mejor los vinos, ¿será mucha penalización darle cuatro lenguas y media? :P :P :P :P :p

martes, 20 de julio de 2010

La Casa del Callejón Castillo Hermanos

Ubicado en la 2a avenida "A" 13-20 zona 1

Los alrededores del Paraninfo Universitario resguardan fascinantes construcciones que se pierden en esa twilight zone que es la zona 1, odiada y amada por tantos motivos. En una de esas construcciones, una vivienda con un típico diseño en forma de 7, los propietarios de la Casa del Callejón abrieron un establecimiento con un rancio atractivo criollo difícil de resistir.

El local está decorado con un maximalismo cautivador, con docenas de piezas de cristal de Murano, incluyendo dos soberbias arañas, y demás detalles domésticos que revelan la cotidianidad de una familia pudiente de primera mitad del siglo XX. En medio de esta escena veneciana, me senté a la mesa, no sin antes acomodar la pesadísima silla de hierro forjado que coronaba una más pesada mesa de mármol blanco, a donde acudió el mesero a mostrarme el enguatado menú.

Si estaba sorprendido de que me dejaran entrar de gratis a este museo de antigüedades, los precios del no muy extenso menú me sacaron de tal autoengaño. Entradas interesantes y algunas opciones de salsas para lomito, pasta y pescado - no más - constituían la selección que en poco se parecía al exquisito cuidado del local.

El bocadillo de cortesía consistió en un paté, cremoso y más bien salado, que fue un preludio interesante, pero no del todo convincente, para lo que habría de venir.

Ordené un lomito con alcachofas en salsa roja, precedido de una entrada de pacayas caramelizadas. Las pacayas me las sirvieron en un caldillo ligero, ataviadas con unas rodajitas de cebolla caramelizada. Las pacayas no estaban caramelizadas, sino guisadas en el caldillo con predominante aroma de perejil. Estaban sazonas, con un ligerísimo amargor. Los tentáculos granulados se sentían crujientes y de recia textura, agradables, pero nada del otro mundo.

Para limpiar el paladar, me pasaron un sorbete de limón, muy entretenido y estimulante, en un vasito muy curioso, que desentonaba un poco con la severa vajilla ornamentada del servicio, pues era más bien como el recipiente que usa el Dr. Guido para la fórmula del corazón del Monstruo Milton. Para quien no recuerde al Dr. Guido, aquí les va el link

Finalicé mi sorbete, extrayéndolo del vasito de cono insertado en una esferita achatada de color naranja y después me llevaron el lomito. El platillo consistía en un trozo de lomito, de buen grosor, dorado y espolvoreado con pimienta fresca, acompañado de un medalloncito de arroz amarillo con crema y maíz - no mucho más grande que una moneda de un quetzal - y unos ejotes salteados unidos por una tira de tocino. La carne yacía sobre una salsa de tomate con unas, más bien yuxtapuestas, hojas de alcachofa.

La salsa era en realidad un chirmol, no muy distinto del que se usa para los huevos rancheros, lo que me dejó bastante decepcionado, junto con las descritas guarniciones que no mostraban mayor ingenio o inspiración. La carne estaba bien preparada, pero no alcanzaba a dar un balance positivo a la combinación, especialmente considerando su precio.

La Casa del Callejón Castillo Hermanos es un interesante lugar, digno de una visita detenida para ver los detalles, que parecen no tener fin, de su decoración, lo que desquita un poco lo inflado de los precios de su menú, que no está a la altura del local, y no me inspira a darle más de tres lenguas :P :P :P

domingo, 4 de julio de 2010

Restaurante Sunset Grill

Ubicado en el Centro Comercial Escala Carretera a El Salvador, teléfono 6634-1032

En un local elegantemente dispuesto, rodeado de cristales montados en el bloque de concreto que constituye el módulo central del Centro Comercial Escala, el umbral de Sunset Grill recibe al comensal después de que éste ha subido por una curiosa rampita por cuyo recorrido se aprecian los bosques de Muxbal que suavizan el paisaje, y contrastan con el tupido clima comercial de esa parte de la carretera a El Salvador.

Si no estoy mal, este es un restaurante de reciente apertura y su menú ofrece una refrescante combinación de platillos delicados (filete de trucha con alguna llamativa salsa) y platillos de sports bar (buffalo wings y hamburguesas).

Después de pedir mi bebida, un té caliente, me sentí con ganas de algo no muy masivo, por lo que me llamó mucho la atención una sopa de frijoles negros. Pedí la sopa, y mientras la preparaban, de cortesía me llevaron unas tostaditas con un picadillo de tomate y aguacate, nada mal.

Cuando me llevaron la sopa, me dio mucha risa ver que era más bien lo que yo llamaría un plato de frijoles colados. Sobre los frijoles, se posaban un picadillo de cebollas fritas, otro tanto del picadillo que parecía el mismo que acompañaban a las tostaditas de cortesía, y unos finos trazos de salsa color mostaza.

Probé la sopa y no me convenció para nada. Hacer frijoles colados es toda una ciencia... bueno, no, eso no es cierto, pero sí es cierto que como en todos lados se cuecen habas, cada quien las cuece a su manera, es decir, hay toques de tradiciones familiares en cada manera de hacer frijoles colados. Y la de esta sopa no me causó ningún agrado, como que hubieran cocido los frijoles sin amor (¡el ingrediente secreto de todos los frijoles negros!). En términos menos metafóricos, los frijoles me parecieron sosos y de contraste forzado con el resto de los ingredientes. Llamé al mesero y con toda la franqueza del caso le dije: "la sopa está muy fea, por favor, llévesela".

Muy comprometido por agradar al cliente pero sin el conocimiento apropiado del menú, el mesero regresó después de devolver el plato para tomar mi nueva orden. Había yo perdido un poco la paciencia a esas alturas, y le dije que necesitaba pedir algo que no tomara mucho tiempo en preparar. Al ver el desconcierto del señor, mejor le pregunté: "¿cómo hace la ensalada Caesar?" Y entonces sucedió algo muy extraño.

Cuando un comensal pregunta sobre cómo se prepara un platillo, mi experiencia es que en los buenos restaurantes aprovechan la oportunidad para estimular la imaginación y el apetito del cliente. De alguna guarnición curiosa, podrían decir algo así como "se trata de vegetales horneados con una cubierta de hojaldre, aromatizados con variadas hierbas de Provenza, un toque de vinagre balsámico, aceite de oliva extra virgen, azafrán de Marruecos, setas de los bosques de Sherwood, y..." bueno ya me estoy poniendo muy pajero, pero la idea es esa: la curiosidad del comensal se recompensa para hacer más intensa su experiencia y crear la expectativa de un excelente platillo.

En lugar de esto, el mesero se quedó perplejo, y volteó hacia una elegantísima señora que estaba justo en la mesa contigua, quien tenía toda la investidura de ser la dueña del lugar, frente a quien el mesero hizo casi una genuflexión y preguntó en voz baja: "dice que cómo se hace la ensalada Caesar..." Pues bueno, veremos si esta consulta tiene un buen final, pensé.

La señora se dirigió a mí con alta dignidad y exclamó: "la receta no se la puedo dar, pero le puedo decir que lleva anchoas". Ahora el perplejo era yo. En medio de esa escena tan cómica, sólo alcancé a decir "ahh, sí lleva anchoas, entonces tráigame una de esas".

La ensalada consistía en hojas verdes suavizadas con aceite y sobre las cuales se depositaba una intensa y sabrosa salsa espesa, coronada con un filete de anchoa. La salsa parecía una combinación de, entre otros ingredientes, pimientos, ajo y aceite. Contaba también con dos grandes y redondos crutones con mantequilla de ajo, un excelente complemento. Muy buena, pero creo que de precio sobrevalorado. Tal vez si me hubieran explicado que incluía finos y delicados ingredientes, me hubiera parecido que el precio era justo.

En la cuenta, con muy buen tino no incluyeron la rechazada sopa de frijoles. Cuando me sienta mejor asesorado al visitar Sunset Grill estoy seguro que le daré más de las tres lenguas y media que me inspira por el momento :P :P :P :p

¡Ya estoy perdiendo el hilo!

Debo pedir disculpas a quienes se han tomado el tiempo de dejarme comentarios en los distintos posts, y que he dejado de responder, ¡a veces hasta por meses!

Lo peor es que en lugar de mejorar, la evidencia apunta a que conforme los posts se van multiplicando, mi capacidad para responder los comentarios va disminuyendo. Sabrán ustedes perdonarme por esto, así como saben que el conocimiento y la opinión que todos generamos en este rincón de la blogósfera, será recogido por nuestros congéneres para tomar mejores decisiones a la hora de servir a sus clientes en restaurantes, o bien al momento de decidir a dónde ir a comer un taco.

Por otro lado, me estoy enredando en una rutina de repetir mis visitas a restaurantes, y perder un poco la oportunidad para la inspiración. Ya me lo hicieron ver claramente con el caso de Tre Fra... gajes del oficio...

Pero seguimos en la lucha: ¡criticaré los restaurantes de Guatemala o moriré en el intento!